Educar en la diversidad: una escuela para todas las realidades
Asociaciones de familias de niños con autismo, con alta capacidad intelectual y del colectivo LGTBI cuentan cómo es y cómo debería ser un sistema «para todos y todas»
Por Laura A. Izaguirre
Diferencias culturales, funcionales, lingüísticas, sociales y de género conviven diariamente en los centros educativos que, en una sociedad cada vez más plural, se convierten en el primer espacio en el que aprender a convivir con la diferencia. Y en ese escenario es necesario contar con un sistema educativo adaptado para garantizar una educación equitativa e inclusiva.
Tal es así que la Ley Orgánica de Educación (LOE) y su modificación más reciente, la Lomloe (Ley Orgánica 3/2020), sitúan la atención a la diversidad como uno de los pilares fundamentales del derecho a la educación: «Sin perjuicio de que a lo largo de la enseñanza básica se garantice una educación común para todo el alumnado, se adoptará la educación inclusiva como principio fundamental, con el fin de atender a la diversidad de las necesidades de todo el alumnado, tanto del que tiene especiales dificultades de aprendizaje como del que tiene mayor capacidad y motivación para aprender», se recoge en su artículo 4.
Una ley que, además, incluye aspectos como:
1. «La calidad de la educación para todo el alumnado, sin que exista discriminación alguna por razón de nacimiento, sexo, origen racial, étnico o geográfico, discapacidad, edad, enfermedad, religión o creencias, orientación sexual o identidad sexual o cualquier otra condición o circunstancia personal o social».
2. «La equidad, que garantice la igualdad de oportunidades para el pleno desarrollo de la personalidad a través de la educación, la inclusión educativa, la igualdad de derechos y oportunidades (…) que ayuden a superar cualquier discriminación y la accesibilidad universal a la educación, y que actúe como elemento compensador de las desigualdades personales, culturales, económicas y sociales (…)».
3. «El desarrollo de la igualdad de derechos, deberes y oportunidades, el respeto a la diversidad afectivo-sexual y familiar, el fomento de la igualdad efectiva de mujeres y hombres a través de la consideración del régimen de la coeducación de niños y niñas, la educación afectivo-sexual, adaptada al nivel madurativo, y la prevención de la violencia de género, así como el fomento del espíritu crítico y la ciudadanía activa».
Una transformación del sistema educativo con el enfoque puesto en la equidad, la excelencia, la inclusión y la cohesión social que, en el caso vasco cuenta además con la Ley 17/2023 y un desarrollo normativo en el que destaca el Decreto 78/2024, que sitúa la respuesta a la diversidad en un marco ético basado en la dignidad humana, el reconocimiento de las diferencias, la protección de las personas más vulnerables y responsabilidad de garantizar condiciones básicas de accesibilidad y de aprendizaje.
Es, en definitiva, una defensa del concepto de «escuela para todos y todas». Pero ¿cómo se aplica en la práctica? Y, no menos importante, ¿estamos en el punto en el que deberíamos estar? «La evolución del ámbito educativo vasco en materia de inclusión ha sido muy significativa, pero todavía queda camino por recorrer», sentencia Noemí Tetua, directora educativa de Apnabi Autismo Bizkaia.
Porque «no basta con hablar, es preciso llevar a la práctica ambas palabras: diversidad e inclusión», defiende Pablo Bilbao, presidente de Sehaska, la Asociación de Familias LGTBI en Euskadi. Un camino que debe comenzar por «sensibilizar y formar» a los docentes y al propio sistema educativo, tal y como pone sobre la mesa Inma Unzueta, presidenta de Aupatuz, asociación integrada por familias con hijos e hijas con alta capacidad intelectual.
Y en este escenario, hablamos con representantes de asociaciones de familias de niños con autismo, con alta capacidad intelectual y del colectivo LGTBI para conocer su realidad.
¿Cuáles son los principales retos?
Noemí Tetua (Apnabi): 1. La flexibilidad curricular y metodológica: conseguir que el currículo sea lo suficientemente adaptable para responder a los diferentes ritmos y estilos de aprendizaje. 2. La inclusión real y efectiva: asegurar que la inclusión no se limite a la presencia física del alumnado sino que implique una participación activa, un aprendizaje significativo y los apoyos necesarios dentro del aula. 3. Formación y especialización del profesorado: la necesidad de una formación continua y específica para todo el profesorado (ordinario y especialista) en metodologías inclusivas, adecuación curricular, estrategias de apoyo conductual positivo y manejo de la diversidad, especialmente en autismo. 4. La coordinación interprofesional y con las familias, se deben mejorar los mecanismos de coordinación fluida y eficaz entre los agentes implicados (profesorado, servicios de apoyo, orientadores, sanidad y servicios sociales) y las familias para garantizar una respuesta educativa coherente e integral. 5. La falta de itinerarios individualizados y recursos especializados para la transición exitosa del alumnado con autismo y otras necesidades especiales al mundo laboral, a la educación post-obligatoria o a una vida adulta con la mayor autonomía posible.
Pablo Bilbao (Sehaska): 1.Pasar del ‘trato correcto’ a una inclusión real y visible de todas las realidades familiares, falta que la diversidad familiar (familias con dos madres/dos padres, monoparentales, reconstituidas, adopción, acogida, etc.) aparezca de manera natural en materiales escolares, lecturas, ejemplos, juegos simbólicos en infantil, canciones, celebraciones y comunicación del centro. 2. El compromiso con la diversidad debe verse también en lo institucional (proyecto educativo, plan de convivencia/coeducación, protocolos de acogida, tutorías, comunicaciones a familias…) y especialmente en lo administrativo, donde siguen apareciendo inercias como pedir firma de padre y madre, formularios cerrados o comunicaciones que invisibilizan realidades. 3. Formación y acompañamiento del profesorado y del conjunto de la comunidad educativa, ya que existe desigualdad entre centros y equipos: no todo el mundo tiene herramientas para abordar con seguridad situaciones como la salida del armario, el lenguaje inclusivo, el acompañamiento a familias, o cómo intervenir ante comentarios normalizados. Hace falta formación práctica, continuada y con apoyo profesional, y también incorporar a familias y alumnado en procesos de sensibilización. 4. Crear entornos seguros con medidas preventivas, no solo reactivas. Un reto clave es reforzar una cultura de centro donde se actúe pronto, se registre, se haga seguimiento y haya referentes claros. Esto incluye trabajar el respeto a la diversidad como competencia convivencial, no como una acción puntual ligada a una fecha.
¿Qué cambios ayudarían a que los centros fueran más inclusivos?
Noemi Tetua (Apnabi): Tener esa mirada social e inclusiva por parte de toda la comunidad educativa, tanto del equipo docente como del alumnado, es la base para garantizar el cumplimiento del derecho a una educación, y hacerlo con los apoyos necesarios para que la etapa educativa sea un éxito para todas las personas. Para lograrlo se deben impulsar charlas de sensibilización, ofrecer formación, crear oportunidades de aprendizaje significativo al alumnado, recursos u orientación, minimizar las barreras del acceso a la educación, etc. Y en el caso concreto de los docentes, es fundamental tener una actitud desde la empatía y la flexibilidad y realizar una intervención sustentada en principios éticos y de escucha. Es importante tener una ‘mirada amplia’, personas profesionales que pongan en valor a todos los alumnos y alumnas desde sus capacidades, no desde sus dificultades, y que basen su acompañamiento en el respeto a los derechos. La escucha al alumnado es una de las mayores fuentes de aprendizaje.
Pablo Bilbao (Sehaska): Esencialmente la formación del profesorado en diversidad en el sentido más amplio de la palabra y el fomento de la inclusión a través de las nuevas tecnologías, que tan bien entienden los chicos y chicas de hoy en día. Juegos, películas, cuentos o actividades de aula deberían incluir la diversidad de forma transversal.
Inma Unzueta (Aupatuz): Aplicar el diseño universal para el aprendizaje como medida ordinaria de atención a la diversidad, es decir, que el enfoque de la enseñanza, las actividades, los retos, las unidades didácticas… deben tener suelo bajo y techo alto: suelo bajo para que las personas con más dificultades también puedan ver que progresan y conocer el éxito, y las personas que van más rápido no se encuentren con techos de cristal que les impidan seguir avanzando. Y esto se puede conseguir haciendo que hubiera diferentes niveles de complejidad para alcanzar el mismo objetivo, y que cada alumno, de entre varias opciones, pudiera decir qué actividad o qué reto se ajusta más a sus características personales. Siempre pongo el mismo ejemplo: el objetivo es subir al Gorbea, pero puede haber niños a quienes les encanta trepar y prefieren hacerlo medio escalando; hay niños que prefieren ir campo a través; a otros les cuesta más y optan por ir por la pista; y puede haber alguno que vaya en sillas de de ruedas y que tenga que llegar a la cima en helicóptero, es decir, se trata de poder alcanzar el mismo objetivo, pero por medios diferentes. Que cada cual pudiera tener acceso a aquello que necesita, sin que el entorno le ponga límites.
¿Qué papel debe jugar la coordinación entre instituciones, familias y educación?
Noemí Tetua (Apnabi): La coordinación entre distintos equipos profesionales y familias es parte esencial en todos los procesos educativos. Una comunicación comprensible, acordada con las partes y ajustada continuamente a las necesidades, así como el intercambio continuado de información y datos por parte de todos los agentes de apoyo, facilita un adecuada atención y acompañamiento no solo para el alumno o la alumna, también para su familia. Esta coordinación es especialmente importante en las etapas de tránsito: de infantil a primaria, a secundaria, para hablar de la etapa adulta y qué opciones de formación post-obligatoria o dirigida al empleo, etc.
Inma Unzueta (Aupatuz): Lo ideal es que tanto la familia como el profesorado estén remando en la misma dirección porque vamos a llegar más lejos. Una familia puede aportar al profesorado su experiencia, porque nadie mejor que la familia conoce cómo es su hijo o su hija, qué cosas funcionan con él o con ella, cómo sacar lo mejor de esa persona…, esa información puede ser útil al profesorado para saber cómo llevarlo mejor. Tiene que haber una comunicación fluida, de confianza, y que la información que tenga la familia sea acogida por el profesorado de manera adecuada y aplicada, y a la inversa. O sea, comprensión mutua y colaboración es importante para que el trabajo de unos y de otros sea más llevadero.
¿Cómo ven el futuro?
Pablo Bilbao (Sehaska): Con esperanza. Más esperanza que preocupación. Las familias diversas somos una realidad y por más que haya sectores de la sociedad que desean vernos desaparecer o que vivamos encerradas en el armario, no lo van a lograr. Padres y madres tenemos un motor fundamental para seguir siendo activos y peleando por el respeto a todos los modelos familiares: nuestras hijas e hijos, su futuro y el deseo de dejarles un mundo mejor.
Inma Unzueta (Aupatuz): Hay mucho, muchísimo que mejorar. Esto no va a ser un camino de rosas. Hay muchas familias que se encuentran con muros y que no hay manera de conseguir que el profesorado acepte la colaboración de las familias, o que vea esta realidad… Hay miles de situaciones. Pero tenemos que ser optimistas. Tenemos que seguir luchando. El futuro de nuestros hijos, el futuro de la sociedad en general, depende de lo que nos impliquemos aquí en el futuro. Y tenemos que trabajar por intentar, por muy difícil que sea, por muchas dificultades y problemas que encontramos por el camino, tenemos que seguir adelante. Lo necesitamos.
Noemí Tetua (Apnabi): El aumento en la detección del autismo en los últimos años nos obliga, como sociedad, a transformar nuestra perspectiva, adaptar los recursos, generar nuevas oportunidades y enfrentar desafíos.A pesar de esto, mantenemos una visión optimista, dada la significativa evolución que hemos experimentado en la última década, y confiamos en que esta tendencia positiva continúe.

