Lo que una correcta alimentación puede hacer por tu salud en la vejez

La PNI clínica plantea que los trastornos digestivos o la falta de energía pueden relacionarse con desequilibrios en la nutrición

Por Jazmín Romero

Francisco Mardone Rodríguez, de 88 años, lleva tiempo arrastrando dolores musculares y articulares que le impiden seguir el ritmo de su vida: disfrutar de sus nietos o salir a darse un paseo. A pesar de la medicación para el colesterol y el uso frecuente de analgésicos, los dolores persisten y le dificultan conciliar el sueño, lo que a su vez afecta su energía y su apetito. Ejemplos como el de Francisco son comunes en otros mayores, pero según la especialista Beatriz Amusategui,  de la clínica bilbaína Atlaxis, estos problemas no son necesariamente consecuencia inevitable de la edad. A través de la PNI clínica (psiconeuroinmunología clínica), propone un enfoque que aborda las causas de estos síntomas y mejora la calidad de vida de las personas.

«Decimos que estas enfermedades son resultado de la edad, pero no siempre lo son», explica la experta. La PNI clínica plantea que muchos de los problemas crónicos que afectan a las personas mayores, como la inflamación persistente, los trastornos digestivos o la falta de energía, pueden relacionarse con desequilibrios en la nutrición y el sistema inmune. Es por ello que Amusategui destaca la importancia de revisar aspectos como la dieta y la capacidad del cuerpo para regenerar tejidos, lo que puede hacer la diferencia en el bienestar de personas que presentan síntomas similares a los de Francisco.

La doctora explica que, cuando el sistema inmune está sobrecargado luchando contra la inflamación, no dispone de los recursos necesarios para reparar otras áreas del cuerpo, como los cartílagos y los músculos. «Si tienes que reparar la catedral de Burgos, no puedes estar atendiendo al cuarto de la vecina del quinto», comenta metafóricamente para ilustrar cómo la inflamación crónica interfiere en la recuperación de los tejidos.

Nutrición e inflamación

En este sentido, la intervención con la PNI clínica busca identificar y eliminar los alimentos que contribuyen a la inflamación crónica. «Todos los días, –explica Amusategui – llegan al consultorio personas con síntomas similares, y al revisar lo que consumen en un día encontramos que tienen una dieta basada en muchos carbohidratos, cerveza, chiquiteo de vino… Y, además, toman estatinas para su colesterol y mucha medicación para sus dolores».

«Estos pacientes constantemente se están inflamando con los alimentos. Están dañando un órgano que mide quinientos metros cuadrados, que es vulnerable en la entrada de tóxicos y donde se filtra el alimento. Es decir, el 86,2% de su ejército está en ese intestino y todos los días está dándose golpes intentando soportar toda esa entrada de toxicidad. No va a haber energía ni ladrillos para ir a la periferia; lo que genera el dolor cronificado », puntualiza la experta.

Por este motivo, sostiene que los cambios en la alimentación y en el estilo de vida en pacientes que siguen estas recomendaciones, muestran una notable mejoría: disminución del dolor, desinflamación del abdomen y recuperación del sueño perdido. Además, algunos logran reducir su dependencia de medicamentos para el colesterol, ajustando su tratamiento bajo supervisión médica. «En dos meses y
medio estos cambios ya se empiezan a notar».

Un enfoque personalizado

La clave de la PNI clínica es la personalización del tratamiento. «Cada persona es un mundo», explica Amusategui, y por eso se analizan aspectos como la alimentación, el estilo de vida, la historia médica y los hábitos del paciente. «No es lo mismo tratar a una persona de 88 años que a un niño, porque hay que considerar su contexto, sus necesidades y hasta su historia familiar», añade. Además de la alimentación, la PNI clínica presta atención a otros factores que pueden influir en la salud de los mayores, como la calidad del sueño, la exposición al sol y la actividad física. La experta recomienda ejercicios de bajo impacto para fortalecer la musculatura, lo que, junto con la mejoría en la digestión, permite a muchos pacientes recuperar actividades que antes les resultaban imposibles, como pasear por el monte o jugar con los nietos.

Asimismo, Amusategui insiste en que el envejecimiento no debe ir necesariamente acompañado de una pérdida de calidad de vida. «Envejecer es un proceso fisiológico, pero debe ser saludable», señala. La psiconeuroinmunología clínica no busca combatir la vejez, sino optimizar las condiciones del cuerpo para que el proceso sea lo más saludable posible. Porque, tal
y como defiende la experta, «si proporcionamos al cuerpo los nutrientes y el descanso adecuados, y si mantenemos un sistema inmune fuerte, podemos envejecer sin la etiqueta de enfermedad».

El papel del intestino en la salud mental

El intestino desempeña un papel crucial en la producción de serotonina, un neurotransmisor que regula el ánimo y el sueño. Cuando el intestino está inflamado, la producción de esta sustancia se ve comprometida, lo cual puede afectar el descanso y el bienestar emocional de los pacientes. «Un intestino inflamado no solo causa problemas digestivos, sino que también afecta el ánimo», señala Amusategui. La experiencia de pacientes mayores con la PNI clínica demuestra cómo este enfoque puede mejorar su calidad de vida, abordando las causas subyacentes de sus síntomas en lugar de limitarse a tratar los efectos superficiales. Para la doctora Amusategui, «el verdadero reto está en cambiar la percepción de que ciertas dolencias son inevitables a medida que envejecemos». A través de un enfoque integral y personalizado, la PNI clínica busca que las personas mayores puedan seguir disfrutando de una vida activa y plena.

Beatriz Amusategui, doctora de la clínica Atlaxis
Beatriz Amusategui, doctora de la clínica Atlaxis
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