Desertificación y degradación de tierras: el desierto nos come

España es el país europeo más asediado por la desertificación, una amenaza creciente en todo el mundo debido al calentamiento global

Por Jazmín Romero

Hoy se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente que este 2024 pone el foco en la restauración de tierras, la desertificación y la resistencia a la sequía, debido a que un 40% de las zonas terrestres del planeta están degradadas, afectando directamente a la mitad de la población mundial y pone en peligro, además, la mitad del PIB mundial (US$ 44 billones), según recalcan desde el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

La tierra está enferma y no es un mero discurso. Los suelos sobre los cuales habitamos están perdiendo su capacidad de sustentar la vida a raíz de su deterioro. El fenómeno de la desertificación y degradación de tierras afecta la fertilidad de los suelos, la disponibilidad del agua, y pone en peligro la biodiversidad. Esto afecta directamente a 3.200 millones de personas, poniendo en peligro la seguridad alimentaria, siendo los más afectados la comunidad rural y los pequeños agricultores.

Según la Convención de Lucha contra la Desertificación de la Organización de Naciones Unidas, la desertificación de tierras, es el proceso de degradación del suelo resultante de factores como las variaciones climáticas o las actividades humanas. Con respecto a Europa, España es el país con más riesgo de sufrir desertificación. Alrededor del 75 % del territorio está en grave peligro y un 6 % ya se ha degradado de forma irreversible, específicamente la vertiente mediterránea, la andaluza y las islas Canarias.

Principales causas

» Sobreexplotación de recursos naturales: La agricultura intensiva, la deforestación y el sobrepastoreo agotan el suelo, reduciendo su fertilidad y capacidad para retener agua.

» Cambio climático: Las alteraciones en los patrones climáticos, incluyendo aumentos en las temperaturas y cambios en las precipitaciones, exacerban la sequía y la desertificación.

» Prácticas agrícolas inadecuadas: El uso de técnicas agrícolas insostenibles, como la labranza excesiva y la falta de rotación de cultivos, contribuye a la erosión del suelo.

» Crecimiento poblacional: El aumento de la población y la expansión urbana incrementan la demanda de tierras para vivienda y agricultura, lo que lleva a una mayor presión sobre los ecosistemas.

Consecuencias

»Pérdida de productividad agrícola: La disminución de la fertilidad del suelo resulta en menores rendimientos de cultivos, afectando la seguridad alimentaria.

»Inseguridad hídrica: La capacidad del suelo degradado para retener agua disminuye, lo que contribuye a la escasez de agua y aumenta el riesgo de inundaciones y sequías.

»Biodiversidad reducida: La pérdida de hábitats y la disminución de la cobertura vegetal afectan la biodiversidad, poniendo en peligro especies animales y vegetales.

¿Qué produce la desertificación?

Aunque la desertificación de la tierra es un fenómeno que se ha estado produciendo durante muchos años, el ritmo se ha acelerado alcanzando 35 veces la tasa histórica, según Naciones Unidas. Los motivos son varios: la urbanización, la minería, la agricultura, la ganadería…que, entre otras cosas, generan una deforestación casi irremediable de árboles y de la vegetación. A esto se suma también, el cambio climático que, en los últimos años, ha aumentado el riesgo de sequía.

La erosión del suelo es una de las principales consecuencias, causando, además, una incapacidad del suelo de retener el agua. Unas 2.000 millones de personas viven en tierras áridas, y son vulnerables a enfrentarse a una desertificación. Por este motivo, PNUMA, calcula que 50 millones de personas de estos sitios, buscarán en los próximos años un refugio para vivir.

Pero, además de estas zonas, la ONU también afirma que a partir del 2030, más de la mitad de la población mundial empezará vivir en tierras completamente estropeadas a raíz de la sequía. La degradación de tierras, a su vez, seguirá afectando el agua que quede, por la falta de vegetación.

¿Qué podemos hacer?

Aunque parezca imposible, todo nace desde la concienciación. Una acción tras otra puede marcar la diferencia. Con el simple hecho de ahorrar el agua, reciclar basuras, tener un consumo responsable, optar por los cultivos locales, moderar el uso de la energía eléctrica… Son decisiones que, en conjunto, pueden mejorar el panorama futuro.

De la misma manera, los gobiernos y los organismos multilaterales tienen una mayor responsabilidad de frenar la desertificación y la degradación a través de diferentes líneas de actuaciones que incidan en el plano político, económico y social, cómo garantes de los derechos a un medio ambiente saludable y sostenible.

Estrategias y soluciones para la restauración de Tierras: 

Reforestación y agroforestería: Plantar árboles y fomentar la integración de árboles en sistemas agrícolas puede mejorar la fertilidad del suelo, aumentar la retención de agua y proporcionar ingresos adicionales a las comunidades locales.

Técnicas agrícolas sostenibles: Adoptar prácticas como la agricultura de conservación, que incluye la rotación de cultivos, el uso de cobertura vegetal y la reducción de la labranza, puede prevenir la erosión del suelo y mejorar su calidad.

Gestión integrada del agua: Implementar sistemas de riego eficientes y técnicas de captura y almacenamiento de agua de lluvia puede mejorar la disponibilidad de agua y la resistencia a la sequía.

Políticas y marcos regulatorios: Desarrollar y aplicar políticas que promuevan la gestión sostenible de tierras y recursos naturales, así como incentivos económicos para prácticas sostenibles, es crucial.

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