Tu pregunta a ChatGPT se ‘bebe’ medio litro de agua
Cada respuesta de 100 palabras tiene un gasto medio que alimentaría 14 bombillas LED durante una hora
Por Laura A. Izaguirre.
Seguro que alguna vez has usado ChatGPT para que te ‘ayude’ a organizar un viaje, o le has pedido que te haga una comparación de varios productos que te gustan antes de comprarlos. Incluso puede que en algún momento te haya contado un chiste o que haya convertido tu foto familiar en un dibujo animado.
Pues debes saber que en todas esas ocasiones tus solicitudes han consumido recursos naturales y electricidad. Sí, como lo oyes. El uso de la Inteligencia Artificial tiene importantes consecuencias relacionadas con el consumo de energía, las emisiones de efecto invernadero y la producción de basura electrónica… Y no somos conscientes de ello.
Porque «todavía hay mucho que no sabemos sobre el impacto ambiental de la IA, pero algunos datos que tenemos son preocupantes», tal y como defiende Golestan (Sally) Radwan, directora de transformación digital del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Y lo que es peor, «el primer problema al que nos enfrentamos es que creemos que la nube es algo etéreo, gaseoso, y todo lo contrario; es algo material con consecuencias muy claras», sentencia José Luis García, responsable del área de Energía y Clima de Greenpeace.
Y para empezar a entenderlo hay que tener en cuenta varias realidades. La primera de ellas es que la mayoría de las implementaciones de IA a gran escala se alojan en centros de datos, que tienen «un consumo descomunal», advierte García.
Tal es así que se augura que sólo en la fabricación de los chips de la IA (los procesadores diseñados para acelerar las operaciones) aumente 170 veces el consumo de energía para el año 2030, «y eso supone una cantidad de consumo de electricidad que sería como entre toda Irlanda actualmente», lamenta el experto.
A ello hay que añadirle que las previsiones hablan de que en cinco años «el consumo eléctrico de los centros de datos para la Inteligencia Artificial se multiplicará por 11, que el consumo mundial de agua para refrigerar los centros de datos se cuadruplicará pasando de los 175.000 millones de litros usados en el año 2023 a los 664.000 millones que serán necesarios en 2030, y que en un lustro este tipo de centros de datos generarán hasta 5 millones de toneladas adicionales de residuos electrónicos», augura García.
Sin perder de vista que según un estudio liderado por científicos de la Universidad de California, el entrenamiento de un modelo de IA similar a Llama3.1 puede producir contaminantes atmosféricos equivalentes a más de 10.000 viajes de ida y vuelta en coche entre Los Ángeles y Nueva York.
Tomar medidas
Pero igual de preocupante que estas cifras es el hecho de que este impacto ambiental que genera la IA «es algo que nos pasa totalmente desapercibido», lamenta el experto de Greenpeace. Porque «si cuando usáramos el teclado saliera humo, a lo mejor nos ayudaba a visualizar el problema, pero como no lo vemos es más difícil que tomemos conciencia». Y lo peor de todo es que a este paso, «si no se toman medidas, la situación es totalmente insostenible», alerta García.
Por eso el momento de actuar «es ahora», cuando el desarrollo de la IA aún está en un momento más o menos incipiente. «Renunciar a ella sería utópico, pero lo que sí se puede hacer es intervenir. Es decir, que los gobiernos asuman su responsabilidad y regulen todo el ciclo de producción, tanto la fabricación de equipos como la instalación y el funcionamiento de los centros de datos; hacer que sea obligatorio aplicar criterios de eficiencia energética y que la energía proceda de renovables», adelanta García.
Y «aplicar ese criterio de suficiencia, usar lo que necesitamos sin dejarnos llevar por consumos inútiles que tienen un impacto descomunal», añade el experto.

