Bosques verticales: cuando la naturaleza marca el diseño de la arquitectura urbana
Hana Narváez (Stefano Boeri Architetti) analizó el impacto social y ecológico de integrar la biodiversidad en la edificación
Por Jazmín Romero
En medio de tantos avances y modernidad, uno de los mayores retos urbanísticos reside en cómo convivir de forma equilibrada con el medio ambiente, construyendo y rehabilitando con la naturaleza en el centro. En este sentido, la arquitectura sostenible se erige como una palanca clave y, sobre esta visión, profundizó Hana Narváez, arquitecta y directora de Estudio Stefano Boeri, en su ponencia ‘Vertical Forests as Nature-based Architecture’.
«Desde Estudio Stefano Boeri nos dedicamos a explorar estrategias para integrar arquitectura y naturaleza. Estas estrategias las entendemos también como oportunidades para maximizar el valor social de los proyectos que desarrollamos, ya sean públicos o privados». Aseguró que esta apuesta adquiere un valor especial en un momento en el que la emergencia climática requiere más acciones concretas, destacando que la incorporación del verde no solo genera oxígeno, sino que crea arraigo y comunidad en las ciudades.
Este enfoque comenzó con un proyecto emblemático en Milán: dos torres ubicadas en pleno centro urbano. El desafío consistió en ‘plantar’ el equivalente a cuatro hectáreas de bosque en ambos edificios, dando forma a lo que hoy se conoce como jardín vertical. «Si Stefano (fundador del estudio) tuviese que describir el proyecto, diría que es una casa para árboles o para un ecosistema en el que los humanos también viven. Esto cambia sustancialmente el equilibrio y la forma en la que siempre se ha visto la arquitectura, que históricamente ha sido muy antropocéntrica», recordó Narváez.
Diez años después, estas torres se presentan como un ecosistema vivo que alberga 800 árboles, una amplia biodiversidad animal y a las 400 personas que las habitan. «Para llevarlo a cabo trabajamos codo con codo con agrónomos que nos ayudaron a entender qué tipo de especies podían adaptarse efectivamente a vivir en una torre de 100 metros de altura. Hoy en día, el edificio funciona literalmente como un árbol: crece y se adapta al clima», aseguró.
Aterrizando en lo social
Aunque por la magnitud y coste de una obra así pudiera parecer que este tipo de proyectos está reservado a construcciones de lujo, el verdadero reto del estudio ha sido trasvasar este modelo a las viviendas sociales. «Logramos completarlo en un prototipo social en 2021 en Eindhoven (Países Bajos), con un edificio construido en su mayoría con materiales prefabricados, pero concebido como una edificación eficiente con el ecosistema como principal protagonista».
Sobre los proyectos de reutilización y rehabilitación adaptativa, destacó la transformación realizada en Bruselas. «Se trataba de un edificio de 24.000 m2 de oficinas pensado en los años 80 para un único fin, el cual transformamos en 187 apartamentos. Tuvimos muchos retos, entre ellos explorar mejoras en el acceso a la luz natural, la ventilación o el control de la profundidad del inmueble, garantizando siempre que los espacios fuesen habitables y aportasen calidad de vida a quienes fuesen a residir en ellos».
En esta misma línea de innovación edilicia se enmarca un reciente proyecto en España. «Un concurso que ganamos para un edificio en Ibiza, donde el 90% es prefabricado y se garantiza ventilación cruzada en todas las viviendas. Además, en lugar de destinar toda la planta baja a garajes, propusimos condensar el aparcamiento para crear una plaza pública que conecta el edificio con un nuevo parque de la ciudad».

Corazones verdes en la ciudad
Pero el trabajo de la firma no se detiene en la escala de un único inmueble. La estrategia de integrar la naturaleza se extiende a la escala urbana, abordando realidades tan complejas como la de Riad (Arabia Saudí). En un entorno eminentemente árido y diseñado para el vehículo privado, la propuesta del estudio busca romper la inercia urbana. «Diseñamos una serie de intervenciones a modo de ‘clips’ que crean corazones verdes, zonas de sombra y refugios climáticos caminables. Todo ello utilizando vegetación de muy bajo consumo hídrico y nutriéndose exclusivamente de aguas grises reutilizadas y agua desalinizada».
En México, el reto tomó la forma de una Smart Forest City de 557 hectáreas en Cancún, diseñada para albergar a 130.000 habitantes y retener el talento tecnológico local. «Aplicamos todo lo aprendido en la arquitectura llevándolo al plano del urbanismo, creando un espacio donde el agua, el verde y la movilidad dulce –a escala de barrio– conviven en armonía. Queremos que el ciudadano no tenga que recorrer grandes distancias y que, si lo hace, camine por una infraestructura verde que lleva consigo todos los servicios necesarios para que una ciudad funcione».
Visiones territoriales y alianzas de futuro
Incluso capitales históricas y complejas requieren redefinir su relación con el entorno natural. En su visión estratégica para Roma 2050, el estudio analizó la realidad de un mapa habitado por 253 unidades territoriales bien diferenciadas. «Roma no es solo el Coliseo o el centro que todos imaginamos; es un territorio enorme que llega hasta el mar. Lo que busca nuestro proyecto es entender este entramado como una ciudad policéntrica y abrazada por una gran masa natural, potenciando los puntos donde la naturaleza debe penetrar en la urbe para generar nuevos espacios públicos y cohesionar sus comunidades».
Finalmente, esta visión de «devolver la naturaleza» alcanza su máxima dimensión a escala territorial con proyectos como Parco Italia, una iniciativa impulsada con financiación privada para conectar ciudades e infraestructuras mediante corredores ecológicos. «El objetivo es plantar 70.000 árboles a través de siete proyectos piloto, superando barreras burocráticas y financieras para conectar el territorio mediante ciclovías y masas forestales».
Como conclusión, Hana Narváez remarcó que la arquitectura y la naturaleza no son dos elementos separados que deban convivir de forma ajena, sino las piezas de un único ecosistema vivo. «Esta es nuestra visión, la idea sobre la que trabajamos todos los días con pasión para hacer que las ciudades del futuro sean no solo más sostenibles, sino más humanas y habitables».

