«El 70% de la población mundial vivirá pronto en entornos urbanos»

La salud urbana como motor indispensable para la transformación sostenible de los municipios y la prevención de enfermedades globales

Por Pablo Sanz

La salud pública y la planificación de las ciudades han cruzado de forma definitiva sus caminos en este arranque del siglo XXI. Frente a la creciente presión de la crisis climática, el incremento de las patologías crónicas y los aprendizajes derivados de las recientes emergencias sanitarias mundiales, el debate sobre el diseño urbano ha dejado de ser una mera cuestión de estética, movilidad o desarrollo inmobiliario para convertirse en un determinante directo de la esperanza y calidad de vida de la población.

Para María Neira, exdirectora del Departamento de Medio Ambiente, Cambio Climático y Salud de la OMS, situar la prevención sanitaria y el bienestar ciudadano en el centro de las agendas políticas no es una pretensión abstracta, sino una necesidad urgente ante el acelerado proceso de urbanización del planeta. «El 70% de la población mundial vivirá pronto en entornos urbanos. No os voy a describir aquí los retos de la salud global, pero si queremos hablar de ello hay que hacerlo de ciudades y planificación urbanística», proclama. Asimismo, subraya que «la experiencia acumulada tras décadas de trabajo en favor del desarrollo sostenible demuestra que la salud debe presidir cada decisión política».

Grandes ejemplos de cambio

La especialista recuerda que la transformación de los modelos urbanos no es una utopía inalcanzable, sino un proceso realizable que cuenta con antecedentes históricos muy claros. Para ilustrarlo, pone como ejemplo a Bilbao y Avilés, dos municipios que arrastraban un pasado fuertemente industrializado con altos índices de contaminación atmosférica y degradación ambiental que lograron redefinir su tejido urbano mediante un firme compromiso de reconversión.

Estas transformaciones estructurales redujeron de forma medible la exposición de los ciudadanos a contaminantes del aire, lo que se tradujo en un descenso estadístico directo en los picos de hospitalizaciones por patologías respiratorias y cardiovasculares. «Cuando pones la salud como brújula, los resultados en la calidad de vida y en la reducción de enfermedades crónicas se demuestran de forma incontestable a través de la ciencia», asevera la experta, insistiendo en que los datos epidemiológicos deben avalar la planificación de las ciudades.

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«Hace años, cuando en Roma se decidió eliminar el tráfico junto al Coliseo, hubo muchas protestas porque se decía que el comercio se iba a ir a pique. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario. Se demostró que había unos beneficios enormes y que el comercio no caía»

De igual modo, enfatiza que proyectos como la restricción del vehículo privado en el centro de Londres o la expansión de la red de carriles bici y zonas verdes en París demuestran que las políticas valientes terminan generando un respaldo masivo. En este sentido, sostiene con firmeza que «cualquier alcalde o alcaldesa que incluya en su programa compromisos sanitarios y reducción de emisiones ganará el consenso de su ciudadanía».

Médicos en la trinchera ambiental

En esta misma línea, la experta dirige un llamamiento al sector sanitario, reclamando un papel mucho más proactivo por parte de la comunidad médica e investigadora. El personal sanitario no puede limitar su labor al ámbito estrictamente clínico y paliativo, atendiendo únicamente los síntomas cuando la enfermedad ya se ha manifestado, sino que debe denunciar activamente los factores ambientales que enferman a sus pacientes.

Para ejemplificar el impacto letal de la contaminación urbana, evoca el caso de la niña británica Ella Adoo-Kissi-Debrah, la primera persona en el mundo en cuya acta de defunción se reconoció oficialmente la contaminación del aire como causa determinante de su fallecimiento. «No basta con prescribir un inhalador ante un cuadro asmático. Los médicos van a tener que elevar su voz, hablar con las autoridades y actuar como defensores del entorno urbano dónde reside ese niño», remarca.

Para Neira, la receta es clara: diseñar ciudades pensadas para caminar, respirar aire limpio y vivir mejor no solo ahorra costes sanitarios, sino que crea comunidades vivas. «Situar el bienestar humano como prioridad es la decisión más rentable y justa para nuestras ciudades», concluye la experta, quien compartió estas reflexiones durante su intervención en el V Congreso Ciudades del Futuro.

Muerte por contaminación

Adoo-Kissi-Debrah

Tenía nueve años y vivía cerca de una concurrida vía del sur de Londres. Falleció en 2013 tras sufrir un severo ataque de asma provocado por la exposición continua a altos niveles de polución.

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