El renacer de los ‘repair cafés’: la pelea contra el usar y tirar
El movimiento europeo tiene sede en Álava y enseña a los vecinos a reparar sus propios aparatos electrónicos
Por Jazmín Romero
El chip del consumidor actual está programado para tirar la toalla al primer chispazo. Si un aparato falla, el camino más corto suele ser el contenedor y la compra de uno nuevo. Contra esa inercia destructiva para el planeta pelea el movimiento Repair Café, una corriente europea nacida en Ámsterdam para rescatar objetos del basurero que ha encontrado en el Fablab de Hibridalab, en Vitoria, su cuartel general en Álava. Cada quince días, los jueves a las 17.00 horas, este espacio de innovación abierta se transforma en un taller de resistencia comunitaria.
«Siempre tenemos un grupo de unas ocho o diez personas en cada sesión, y lo bonito es que nunca es la misma gente», explica con entusiasmo Saúl Salas, Fab Manager de Hibridalab. Los vecinos acuden con sus pertenencias estropeadas bajo el brazo, y suelen llevar de todo: desde planchas y secadores de pelo, radios y equipos de antaño, incluso algunos juguetes electrónicos, afirma el entrevistado.
«Hay ocasiones en que la gente piensa que somos un centro de reparación tradicional. Es decir, que van, dejan sus cosas y nosotros se las arreglamos. Cuando les aclaramos que esa no es la dinámica, que aquí les enseñamos a hacerlo ellos mismos, se sorprenden. Me dicen: ‘¿Cómo lo voy a desarmar yo si no sé?’. Yo les respondo que no hay ningún peligro ni miedo al error, que este es un espacio de aprendizaje basado en la prueba y el error», relata Salas. «También se trata de crear un espacio social que busca hacer comunidad entre los vecinos mientras aprenden».

Un taller para todos
Aunque a veces se invita a voluntarios con conocimientos en circuitos o mecánica, suele ser Saúl quien guía la actividad.

«Les enseñamos primero los conceptos básicos de los que tienen que disponer para poder analizar o encontrar un fallo. Hablamos de las conexiones de los cables, de los tipos de destornilladores, y a partir de ahí ellos van siendo autodidactas».
¿Qué se repara?
Lo más convencional
Secadores de pelo y planchas de pelo.
Pequeña electrónica
Auriculares, cascos y mandos de videojuegos.
Arreglos sencillos
Radios con botones estropeados o regletas de conectores flojos.
Acuden desde adolescentes acompañando a sus padres hasta adultos mayores, afirma. Para incentivar que la ciudadanía se acerque, la actividad es completamente gratuita y el propio centro absorbe los costes de los materiales más sencillos, «los cables o piezas pequeñas».
«Pero si el aparato requiere una pieza muy peculiar o especializada, orientamos al usuario sobre qué comprar y dónde conseguirla, y ya en la siguiente sesión regresan con ella para instalarla», aclara Salas. Si la solución existe, el centro está equipado con tecnología punta para ejecutar «trasplantes» gracias a un vasto arsenal de componentes electrónicos, impresoras 3D y cortadoras láser.
«El balance entre las herramientas y la mesa de trabajo deja lecturas muy claras. De cada diez personas que acuden con un objeto, el 70% de ellos se logra reparar por completo. El 30% restante se queda fuera porque son aparatos muy obsoletos, con daños severos o que requieren un laboratorio industrial inaccesible en una sesión de dos horas».
Los televisores, precisamente, son objetos que no son fáciles de reparar porque supone una labor muy compleja y especializada, afirma el guía; sin embargo, para aquellos que no tienen arreglo, no se tira a la primera de cambio.
«Lo desarmamos por completo, extraemos los componentes que están bien y los guardamos en nuestro inventario para reutilizarlos con otros vecinos», detalla sobre un circuito donde nada se destruye y todo se transforma.

