Javier Urra: «El mayor error de los padres es querer evitar el sufrimiento a los hijos y no puede ser»
El psicólogo clínico, escritor y primer defensor del menor Javier Urra aporta algunas claves para que las familias detecten aquello que les encienda la señal de alerta para poder atajar los problemas más habituales de la paternidad
Por Leire Fernández
Javier Urra ha publicado ‘Hijos: prevención de riesgos’, en el que aporta las claves para que las familias detecten aquello que debe encenderles la señal de alerta para poder atajar los problemas más habituales de la paternidad. Eso sí, como dice en el libro, teniendo en cuenta que «no se trata de evitar a los hijos las dificultades de la vida, sino enseñarles a superarlas».
¿Convertirte en padre y madre es pasarte la vida con miedo a lo que pueda pasar?
No debería ser, pero pareciera que lo es. Creo que ser padre o madre tiene mucho de biológico, mucho de instintivo, mucho de continuidad de la especie, pero el ser humano ya ha evolucionado y entonces piensa las cosas y se proyecta en el futuro. Tener una hija, tener un hijo, ¿vendrá con alguna dificultad? ¿Cuánto cuesta económicamente educar a un niño? ¿Cuáles son las características nuestras que nos permiten ser buenos padres? Total, que España, que es junto con Italia, el país con menos natalidad del mundo, y junto con Japón, el más longevo, ha convertido ser padre o madre casi en ganar las oposiciones, algo difícil, complejo. Yo creo que eso es un error. Hay dificultades, sí. ¿Hay algún conflicto? Lo hay. ¿Merece la pena? Sin duda. Y el libro no es para asustar, es todo lo contrario. Es para que los padres estén atentos ante ciertas situaciones. ¿Cuál es el error para mí de los padres hoy? Que quieren que sus hijos sean siempre felices. Eso no es posible. Queremos evitarles el sufrimiento y no puede ser.
No es para asustarnos, pero sí hay datos que son de asustar como que actualmente la principal causa de muerte en jóvenes de entre 15 y 29 años es el suicidio, ¿qué se hace mal?
Yo no culpabilizaría a los padres. Es una cosa más social, más amplia. ¿Se puede prevenir el suicidio? Yo no me atrevería a decir que sí. Sí diría que podemos preparar a los chicos para que le pidan a la vida lo que la vida puede dar, no más. Y yo creo que la vacuna, el antídoto, es volcarse hacia los demás. Creo que a veces hay que quitar el foco de la propia persona y decir, ¿qué puedes hacer por los demás? ¿En qué puedes ayudar? Eso es una muy buena prevención.
Casi todo el libro habla de riesgos más propios de la adolescencia que de niños más pequeños, ¿en ese momento es cuando llega el gran reto de ser padres?
Sí. Lo que pasa es que esto es como los incendios, se previenen en invierno. Los padres deben educar aún antes de nacer. La gente cuando forma pareja dice, ¿vamos a vivir juntos? ¿Alquilamos, compramos? ¿En qué ciudad? La gente se organiza. Pero con los hijos dicen, ‘es que vienen al mundo sin un manual’. Eso no es así. Ahí tienen un manual que está
muy bien, de Urra. Luego es como cuando yo escucho a Arguiñano hacer un bacalao al pil-pil. Él explica cómo hace él su pil-pil. Y luego yo le cambiaré un poquito, le daré mi toque, le pondré un poquito más de cayena o no. El ser humano es complejo. Allport, un psicólogo espabilado, nos enseñó que con el mismo fuego que haces un huevo duro, derrites la mantequilla. No vale la misma medida para todos y lo notamos hasta en gemelos univitelinos. Por lo tanto, el libro acomoda a cuáles son realmente problemas o situaciones para
prevenirlas. Cuando ya tenemos un problema hay que buscar afrontarlo, pero el riesgo ya es mucho mayor.

«Hemos convertido el ser padre o madre en algo difícil, complejo. Yo creo que eso es un error»
Entre los ‘riesgos’ habla del bajo rendimiento escolar. Y es evidente que cada vez hay peores datos en el informe Pisa, cada vez hay más chavales y niños con dificultades en el aprendizaje… ¿Es algo que se pueda prevenir? ¿De qué forma?
Sí, claro. La mayoría de los niños han ido a aprender y felices de seguir aprendiendo. Pero eso se tiene que ver en casa, tiene que ver el gusto por aprender, que es distinto a estudiar, que es distinto a tener información en Google. Pero tienes que hacerle que se apasione. Cuando consigues que un niño se apasione, la imaginación, la creatividad, la ciencia… yo
mismo lo intento con mis alumnos de psicología, intento apasionarles.
También dice que ‘Hay progenitores que han renunciado a serlo, se aprecia flojera de autoridad y junto a ello el valor del esfuerzo y la cultura del logro han pasado a mejor vida’. Pero en esto último la sociedad ha tenido mucho que ver también.
Bueno, estamos hablando de un tipo de jóvenes. Yo esta mañana a los jóvenes les decía, mirad, hay neurocirujanos que se ponen en una cirugía cinco horas de pie, desconectan el teléfono, el mundo se les para y están en una intervención a un bebé al que tienen que ponerle una válvula para la hidrocefalia. ¿Tú sabes la felicidad de ese hombre o de esa mujer cuando cae por la noche derrotado de cansancio? ¿Qué dinero le puedes dar para que deje de hacer lo que está haciendo?
Pero, ¡qué difícil transmitirles eso!
Yo creo que es bastante fácil. A mí eso me parece muy fácil. Yo voy a la televisión, yo voy a la radio. Javier es famoso, pero eso ¿qué me aporta? Yo quiero ser reconocido entre los míos. La fama es efímera. La fama es algo que desaparece con inmediatez. Si eres inteligente, lo que tienes que preguntarte es para quién he vivido, no para qué.
¿El no es innegociable en la crianza?
No, yo creo que el amor es innegociable. Cuando doy conferencias pregunto muchas veces, ‘¿daríais la vida por vuestros hijos?’. Y la gente contesta, ‘sí’. Inmediatamente pregunto, ‘¿daríais la vida por vuestra pareja?’. Puede haber alguna persona que diga sí, pero el silencio es sepulcral en general. Por lo tanto, yo creo que los padres darían mayoritariamente
la vida por sus hijos, pero no tienen por qué ser padres excelentes. Ahora, ¿ser padre lleva a coger un libro, leerlo, debatirlo, subrayarlo, aprenderlo y ponerlo en práctica? Yo creo que sí, igual que lo haces cuando compras una lavadora. No sé si ahora es más difícil que antes, no lo sé. Pero yo creo que la mayoría de las familias, en general, lo hacen francamente bien. Lo veo con los niños en la entrada del colegio y veo los besos y las sonrisas, y me quedo muy tranquilo ahí.
El bullying
Cuando se habla de bullying se habla mucho de cómo detectar a la víctima, pero ¿cómo podemos prever que nuestro hijo pueda llegar a ser violento con otros? ¿Qué señales hay?
Normalmente, porque es violento en casa o los padres son muy violentos y el chico lo aprende. ‘Prefiero que le partas la cara a alguien a que te la partan a ti’. Reciben ese tipo de mensajes. Entonces, el chico, que suele ser fuerte físicamente, busca ser respetado desde el miedo. Otras veces ya se ha impuesto en casa. Entonces, los padres niegan porque tienen miedo. ¿Puede haber algún caso que sea sorpresivo? Me veo obligado a decir que sí, pero no lo creo. Y en todo caso, uno tiene que ir al colegio, tiene que hablar con los profesores, tiene que conocer a los amigos de sus hijos, igual que los hijos tienen que conocer a los amigos de los padres. Todo eso te va dando una pista de cómo es tu hijo en casa, en la escuela, en el tiempo de ocio. Porque no nos comportamos igual. Es muy importante ver en distintos ámbitos cómo es el conjunto de la persona.

