«Hay muchos viajes, el de Marco es seguro uno de los más difíciles»

Álvaro Salazar publica su nuevo libro sobre la odisea migratoria de un joven camerunés con el proyecto local Arrigorriaga Harrera como escenario

Por Laura Castellanos

Más de 5.600 kilómetros separan Duala, en Camerún, de Arrigorriaga. Una sinuosa línea que atraviesa la mitad norte del continente africano y toda la península y que para muchos supone un largo recorrido de incertidumbre y desazón. Pero Álvaro Salazar no hurga en heridas abiertas, no es necesario, el retrato que esboza en su último libro es más que suficiente para sacudir conciencias. También para acercarnos al principal protagonista de esta historia en un relato basado en hechos reales. Así presentó su quinto título, ‘Marco. Historia de un encuentro’, al que asistió el propio Marco Mbene, un joven camerunés de 32 años con una gran mochila a cuestas.

Allí, en su pueblo natal, asume al igual que otros tantos su «no futuro», un motivo más que suficiente para echarse a andar. «Marco se va de su casa por la falta de trabajo, por la necesidad de buscarse la vida…», explica el autor. Del mismo modo que otros compañeros, familiares y amigos, emprende un camino tan incierto como extenuante hacia ese futuro que se hace de rogar. Todavía no sabe nada de Álvaro, ni siquiera contaba con llegar tan lejos. Aún le quedaba salir del país, cruzar Nigeria, el desierto de Níger, Argelia y alcanzar Marruecos en una travesía a pie que le llevó un año y medio. De ahí a Málaga, después a Bilbao y, tras unos días a cobijo, se da de bruces con la fría calle. Fue así como ambos entraron en contacto, una llamada posibilitó el nacimiento de una estrecha relación de la que este libro es solo uno de sus frutos.

En realidad la estructura, el nexo narrativo de todo esto, era algo que a Álvaro le rondaba en su cabeza desde hacía tiempo y a pesar de que compañeros como Paco –a quien se lo dedica– le insistieran en su ejecución, no fue hasta conocer a Marco cuando las piezas encajaron en este puzle literario. «Me lo imaginaba como una persona solitaria en medio de un holocausto nuclear. Eso estuvo ahí durante muchos años… hasta que apareció Marco», rememora. «No sabe muy bien a dónde va, pero sabe que no puede regresar y aquí tampoco es acogido con demasiada facilidad».

Una historia, tres partes
La pandemia y su consiguiente confinamiento dificultaron las comunicaciones entre ambos cuando ya la barrera idiomática era un frente difícil de salvar. Pero consiguieron sortear todas las dificultades y poner por escrito la odisea de su partida hasta su llegada a Arrigorriaga. «Hay muchos viajes, el de Marco es seguro uno de los más difíciles», resume de una travesía que esconde mucho más en su interior.

«En otras novelas el fluir me ha llevado a lugares insospechados, en este caso no, el principio y el final estaban claros. Lo que quizá no imaginaba es que fuera a ser un libro tan introspectivo, no solo mirándome a mí, sino también a mi alrededor». Y es que mientras da forma con palabras a todas las peripecias de su amigo, en las líneas van colándose también reflexiones personales, preguntas que se hacía y que lanza por escrito. «Por qué hago lo que hago, por qué estoy en esta historia, qué significa el encuentro con el otro, con el diferente, con el que viene de una tierra que para mí es ignota…». Un entramado de memorias y pensamientos que se completa con la tercera pata: el proyecto de Arrigorriaga Harrera gracias al cual se gestó en su momento la acogida de varios migrantes llegados desde la villa.

Pero para entender el presente, Álvaro insta a mirar hacia atrás. «Busqué las causas, porque si él está aquí es por algo, por nuestro pasado colonial. Hay un presente que no he abordado mucho, pero sí el pasado donde he recreado hechos históricos», desvela y pone el punto de partida en la Conferencia de Berlín de 1884 «donde las potencias europeas, Estados Unidos y el Imperio Ruso se reúnen y se reparten África. Recreo detalles muy específicos donde intento poner de manifiesto la ignominia de la tierra, la prepotencia de Occidente».

Tras su publicación las opiniones no tardaron en llegar. «Los primeros ‘feedback’ me decían que era útil y al principio no me gustaba mucho, pero ahora sí porque en realidad ese es el propósito». Es alejarse de cifras y acercarse a un rostro real con vivencias reales. Es conocer quién es Marco, cómo a los ocho años ya no puede seguir estudiando y cómo, en su etapa adulta, se ve en una barca hinchable de dimensiones mínimas en mar abierto. Es entender por qué él y muchos como él arriesgarían su vida para llegar a un lugar que no conocen. Álvaro no puede sino resumirlo con un pasaje bíblico donde se habla de la parábola del buen samaritano, «de ayudar al prójimo». Pero ‘prójimo’, explica, «se refiere al próximo», ¿qué pasa con quien viene de un lugar a más de 5.600 kilómetros de distancia?

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