Entrevista con Ángela Quintas, experta en nutrición y salud digestiva

Ángela Quintas lleva más de 20 años ayudando a mejorar la alimentación de pacientes de todo tipo, ya no solo para adelgazar sino para recuperar la salud digestiva y entender cómo funcionan los alimentos. En su último libro ‘De la boca a tu salud’, da las claves para controlar el peso, pero también la inflamación y los picos de insulina de una manera amena y didáctica.

Por Leire Fernández

A la hora de perder peso, ¿tenemos que desterrar de una vez las dietas del cajón y el famoso IMC?

Sí, por favor, es que el IMC no nos indica absolutamente nada. Si nosotros le calculamos el IMC a Rafa Nadal, le dará que tiene obesidad seguro. Tenemos unas básculas súper inteligentes que se llaman de bioimpedancia, en las que podemos saber qué cantidad de grasa hay en tu cuerpo y no solamente eso, sino de esa grasa qué cantidad es visceral, que es la que tiene riesgo cardiovascular.

¿Qué es lo primero que tenemos que tener en cuenta?

Sobre todo, tener unos buenos hábitos y no pretender bajar de peso de manera rápida, es decir, las dietas y las fórmulas milagrosas no existen, ni aquellas mezclas que te dicen, «no, desayuna esto con esto y ya verás cómo lo vas a notar». Eso no funciona y además es necesario que me sienta bien haciendo lo que estoy haciendo para poderlo mantener en el tiempo. Porque es verdad que lo importante no es lo que hago un día, sino lo que hago los 365 días del año. Todos vamos a cometer excesos, pero lo importante es que nuestra rutina sea la correcta para que a mí me apetezca volver a comer como de manera habitual y no me quede en esos malos hábitos de los que ya soy incapaz de salir.

No hay fórmulas milagrosas, pero ¿qué pasa con esos suplementos que ayudan a adelgazar?

Un suplemento nunca tiene que ser un sustitutivo de una buena alimentación. Otra cosa es que tú quieras matizar o mejorar en algunas cosas y los suplementos siempre tienen que estar pautados por alguien que te conozca y que conozca qué necesitas en cada momento. Por ejemplo, ahora está muy de moda el magnesio y no es lo mismo tomarlo en forma de carbonato, de bisglicinato, de citrato… El efecto que va a producir en tu cuerpo es totalmente diferente. Un carbonato no deja de ser un laxante, mientras que un bisglicinato te puede ayudar a dormir mejor.

Luego, hablando de Ozempic y Wegoby, es verdad que para pacientes que tienen un gran sobrepeso, si les está ayudando a quitar esa ansiedad y a controlar lo que comen me parece una buena herramienta. Pero no es para gente que quiere perder 3, 4 o 5 kilos.

El estrés es uno de los enemigos de nuestra salud. Pero, ¿qué es el cortisol y cómo nos afecta?

El cortisol es la respuesta que tiene el cuerpo ante una situación de estrés. Yo lo explico con un conejito. Imagínate que tú eres un conejito que estás caminando por el monte y de repente, aparece un cazador. Se te van a producir unos niveles de cortisol muy elevados. ¿Para qué? Para ponerte a salvo. Esto lo que hace es que ese conejito lo primero que hace es utilizar la glucosa
que tiene almacenada en forma de glucógeno en el hígado y en el músculo. Pero esto le va a dar al pobre conejito para llegar a la esquina, pero él tiene que seguir corriendo. Y ahí tiene dos alternativas. O bien utilizar la grasa como fuente de energía, o bien utilizar la masa muscular.

Bueno, pues cuando nuestros niveles de cortisol están muy elevados, nuestro cuerpo utiliza la masa muscular como fuente de energía. Por eso la carne de caza está dura como una piedra.
El cortisol puede hacer que nosotros utilicemos nuestra masa muscular como fuente de energía y eso nos lleva a que nuestro metabolismo basal, que es la energía que yo gasto sin hacer absolutamente nada simplemente para que funcionen mis constantes vitales, disminuya.

Entonces cortisol alto, utilizo masa muscular, se ralentiza mi metabolismo basal y haciendo exactamente lo mismo, poco a poco, voy subiendo de peso y no entiendo cuál es la razón.

En el libro habla también del hambre emocional. ¿Ésta cómo la controlamos?

Vivimos en un país en el que tenemos una materia prima que es increíble. Rápidamente tienes frutas, verduras, carne, pescado, pero todo lo celebramos alrededor de una mesa. Ahí aparece este hambre emocional y además utilizamos la comida como premio y como castigo. ¿He tenido un día maravilloso hoy? Hay que salir a celebrarlo. ¿He tenido un día horrible? Me voy a comer algo que realmente me produzca placer. Yo siempre digo que el hambre emocional también muchas veces es educación desde que somos pequeños, nunca premiar o castigar a los niños con alimento.

Entonces, es difícil de controlar, pero sí hay que pararse y decir, ¿realmente tengo hambre? ¿Hace cuánto tiempo comí? ¿Qué tipo de alimento me apetece? Porque cuando yo tengo hambre
emocional no me apetece brócoli, lo que me apetece son cosas que realmente sean muy palatables, llenas de grasas, llenas de azúcar, o snacks que crujan, pero en el hambre real vale cualquier cosa.

Uno de los nutrientes que tiene mala fama es la grasa, pero también es necesaria, no podemos eliminarla totalmente de la dieta.

Claro, no sólo es necesaria, sino imprescindible, porque existen algunas vitaminas que son las liposolubles, como son la A, la B, la K, que necesitan de la grasa para ser absorbidas. Entonces, la grasa no hay que demonizarla, lo único que hay que tomarla en su justa medida y saber que no toda la grasa es igual, es decir, grasa saludable sería aceite de oliva, frutos secos, omega-3 como el de los pescados azules, y aguacate.

¿Sabemos diferenciar entre inflamación e hinchazón?
Hay tres tipos de inflamación. Por un lado, me doy un golpe, se me inflama, luego está la inflamación que aparece por una alteración en la microbiota, ahí sería más una hinchazón, termino de comer, se me hincha la tripa, tengo gases, alterno diarrea con estreñimiento… Y luego está la inflamación silenciosa, que ésta es mucho más peligrosa porque prácticamente no da síntomas, puedo tener un poco de dolor articular, me siento cansada, me cuesta trabajo perder peso, bueno, yo en el libro lo describo como si fuera un iceberg, es decir, estamos viendo solamente la puntita, pero lo importante es lo que está abajo y esta inflamación silenciosa está muy relacionada con mi manera de comer y es verdad que si se mantiene en el tiempo pues pueden aparecer patologías como puede ser una diabetes tipo 2, un síndrome metabólico o incluso patologías más importantes.

SIBO, disbiosis, síndrome del colon irritable. Cada vez escuchamos más patologías relacionadas con el aparato digestivo. ¿Se ha convertido en el talón de Aquiles de nuestra salud?

Bueno, es verdad que cada vez sabemos más. Tenemos que tener en cuenta que lo que más produce alteraciones en nuestra microbiota, produciendo todos estos síntomas, sería el consumo de determinados fármacos, como pueden ser, por ejemplo, los antibióticos y los corticoides, la segunda causa podría ser el estrés, esos niveles altos de cortisol, y luego el consumo de alimentos ultraprocesados. O sea, estamos comiendo mal, estamos estresados, y luego a veces estamos abusando de determinados fármacos sin ningún tipo de control. Así que tenemos más alteraciones en la microbiota y cada vez estamos viendo que hay más relación, no solamente con este tipo de hinchazón, gases, alergias, intolerancias, sino que se está viendo que en enfermedades como puede ser el Alzheimer, la depresión, o incluso la esclerosis múltiple, hay una alteración clara en la microbiota, lo que pasa que aún no sabemos si esta alteración es la que me hace que yo sea más propenso a tener este tipo de patologías, o si ese tipo de patologías hacen que mi microbiota se vea alterada.

Modificar la alimentación según la temporada

Según la experta, aunque ahora tenemos acceso a todo tipo de alimentos prácticamente todo el año y se ha perdido «esa emoción de ‘van a llegar las mandarinas’», deberíamos hacer adaptaciones según el periodo en el que estemos. «En verano, por ejemplo, tenemos que tener más cuidado con la hidratación, tendremos que beber más agua, tomar más frutas y verduras para mantener ese nivel de agua en el cuerpo y es verdad que en invierno nos apetecen cosas que nos ayuden más a mantener nuestra temperatura corporal», menciona. «Cosas calentitas, por ejemplo, alimentos que tengan quizá un poquito más de grasa porque esa grasa también la voy a gastar para mantener esta termogénesis, la cantidad de calor que tengo en el cuerpo. Así que es una buena idea adaptarnos un poco dependiendo de la época del año en la que estemos».

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