La salud visual empieza en el plato

Una correcta alimentación es clave para proteger la retina

Por Nina Araluze

El ojo es un órgano más del cuerpo, y cierta comida proporciona los nutrientes necesarios. «Es un hecho que la dieta afecta en la visión», afirma Juan Ilarduya, optometrista y secretario del Colegio de Ópticos de Bizkaia. En la retina es «donde se produce la visión» y en ella existen unos fotorreceptores que transforman la energía luminosa en impulsos eléctricos, para después pasar al cerebro. La vista sucede gracias a ellos, que son una especie de células adaptadas, neuronas preparadas para recibir la luz y transformarla en imágenes.

Para mantener este proceso en óptimas condiciones hidratarse con agua es indispensable. «Beber dos litros de agua al día está muy en boga», añade. Esto ayuda con la necesidad de parpadear y de tener lubricado el ojo. De esta manera, se estimula la producción de la lágrima y se reduce la sequedad ocular, ya que con la edad se va perdiendo la hidratación.

«Es menester estar bien nutrido. Suelo hacer hincapié en comer pescados azules, salmón, semillas de lino, caballa con omega-3… Del mismo modo, consumir vitamina C, que protege de las cataratas. Esta se encuentra en todos los cítricos, naranjas, limones, kiwis, fresas, pimientos, el brócoli… Siempre se ha hablado de las zanahorias, de ellas viene la vita-mina A, con betacarotenos que mantienen un adecuado funcionamiento de la córnea y de la retina», enumera Ilarduya.

Recetar complejos vitamínicos como la luteína, la zeaxantina o el omega-3, «les vendrá muy bien a personas mayores, ya que por ejemplo, la degeneración macular está asociada a la edad. También se pueden conseguir estas vitaminas mediante la nutrición, a través del popular omega-3 de los pescados, que mejora la película lagrimal», recomienda el experto.

Antioxidantes

Otro grupo de nutrientes importante son los antioxidantes como la vitamina E o el zinc y el cobre, que pertenecen a un grupo que protege a las células de la retina, los fotorreceptores mencionados con anterioridad. También son buenas las del grupo B, la B6, B9, B12, que disminuyen la degeneración macular. «Hablo mucho de esta enfermedad, ya que si nos fallan los fotorreceptores de esa zona, se pierde la visión», añade. Otra patología habitual con la edad son las cataratas, pero suelen aparecer antes en unas personas que en otras. En ellas, la luteína juega un papel fundamental.

De la misma manera que una buena alimentación puede proteger nuestra vista una mala puede perjudicarla. «La gente descuidada desde el punto de vista de la nutrición puede desarrollar problemas en los ojos, y estos llegar a ser muy serios», advierte. Los casos más graves, por ejemplo, pueden darse en personas alcohólicas. La toxicidad del alcohol daña el nervio y puede llegar a provocar ceguera. Puede ser pasajera, porque a veces se puede tratar, o causar una afectación crónica. «El alcohol, el tabaco, los excesos… Pueden dañar, sí. Todos combinados, son una bomba».

En el caso de personas con diabetes, cuando se tiene un exceso de azúcar, es posible desarrollar una retinopatía diabética, una serie de lesiones que se producen en la retina, en los capilares, etc. Esta, posiblemente, afectaría al nervio óptico por hemorragia, y también a la mácula, que es la zona central de la visión. Podría provocar una ceguera total o parcial, depende del exceso de azúcar que se tenga. «Por eso, el azúcar se torna en una parte bastante importante dentro de nuestras consultas, y en la historia clínica, preguntamos siempre si el paciente es diabético y si tiene el azúcar bien. El ojo se vuelve más miope, hay un cambio brusco en la graduación, con lo que empiezan a ver mal de lejos. Y esto se produce por un cambio en los niveles de azúcar, que está afectando al ojo», comenta Ilarduya.

«Lo relevante es la alimentación, estar bien hidratado, y contar con estos nutrientes de los que estábamos hablando antes, vitamina A, vitamina C, etc. Con respecto a la visión, lo más importante es que la retina tenga un buen metabolismo. Y para eso, todos estos nutrientes vienen muy bien. El ojo está más lubricado con estos químicos. Y a nivel general también: nos sentimos mucho mejor, con más energía, etc.», concluye.

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