La otra cara de la maternidad: la depresión posparto

La multitud de emociones que aparecen tras el nacimiento puede ir desde la felicidad extrema hasta una menos deseada, la tristeza

Por Johana Gil

Lo que no se cuenta tras un parto. Madres que lloran a escondidas alumbramientos traumáticos, o que les cuesta conectar con el recién nacido, o que se lamentan con un bebé sano en brazos. Este es el dolor que se calla, que se evita compartir y que ocupa el espacio de la felicidad que debería aflorar en el puerperio. Una maternidad real, sin tabúes y sin culpas también es aquella que incluye tristeza, inseguridad o ansiedad. Un 15% de las mujeres sufre depresión posparto y suele aparecer entre las dos u ocho semanas posteriores al nacimiento, incluso hasta un año después.

El posparto es un periodo revolucionario. Además de los cambios físicos también están los emocionales. Las hormonas están a flor de piel. «Pensamientos repetitivos, desagradables e intensos pueden aparecer de forma involuntaria», explica la matrona Laia Casadevall. «Cuando nace un bebé, nace una madre». La mujer se transforma y reconocerse de nuevo puede ser difícil. «Se trata de un proceso de duelo y aceptación… hemos perdido unas cosas, pero hemos ganado otras», subraya.

Pero, ¿cómo saber si todo forma parte del proceso? Casadevall aclara que la mayoría de las madres experimenta una tristeza puerperal llamada baby blues. Ocurre durante los primeros quince días tras el parto y afecta a al menos un 80% de las mujeres. Llanto inexplicable. Sensación de cansancio, desmotivación, irritabilidad e incomprensión llega y remite de forma espontánea. La cascada hormonal produce naturalmente esos síntomas durante dos o tres semanas. Sin embargo, en algunos casos persisten o empeoran. Ansiedad intensa, agobio persistente, llanto frecuente, baja autoestima, preocupación excesiva o dudas sobre la capacidad de cuidado encienden la alerta de sufrir una posible depresión posparto.

Baby blues: Los cambios leves de estado de ánimo normales tras el parto

Preocupación, tristeza, agotamiento, ansiedad, llanto frecuente e irritabilidad

Las primeras dos o tres semanas, aparece y remite de forma espontánea.

No deja secuelas.

Afecta al 70% de las madres.

Combinación de factores

«La salud mental es la gran olvidada», lamenta la matrona. Casi un 50% de las madres padecen trastornos mentales sin diagnosticar. «Poner palabras a lo que ha sucedido antes o después del nacimiento, entender qué ha pasado y buscar apoyo profesional es clave para sobrellevar nuestro estado de ánimo», destaca. Las causas, al igual que los síntomas, varían en cada mujer. Las investigaciones sugieren que la depresión posparto es el resultado de una combinación de factores genéticos y ambientales. Por ello también puede afectar, incluso, a las madres que ya han tenido antes a otros hijos.

Alteraciones hormonales, problemas de salud previos, embarazos no planificados, partos traumáticos, cesáreas de urgencia, resultados indeseados, carencia de apoyo familiar o social y condiciones de vida estresantes se suman a la responsabilidad de tener a un pequeño cien por cien dependiente de su madre. «No eres peor madre por ello», aclara. El trastorno también puede comenzar durante el periodo de gestación, en este caso denominado perinatal, y continuar hasta después del nacimiento. «Hagamos que estas historias que no se cuentan salgan a la luz. Hagamos visible la otra cara de la maternidad».

La salud mental de la pareja

La maternidad no sólo transforma a la madre, sino a la unidad familiar completa. «Hallar un equilibrio no es fácil y requiere de mucha comunicación y empatía», puntualiza la matrona Laia Casadevall. El tsunami hormonal también afecta a la pareja. En el posparto, el foco está puesto en el recién nacido, la madre y pocos giran su mirada hacia el padre, quien también puede sufrir depresión posnatal. Pueden sentirse tristes, cansados, abrumados, ansiosos o tener alteraciones de sueño y alimentación. Los padres primerizos, jóvenes, con antecedentes de depresión, problemas en la relación o dificultades económicas tienen un mayor riesgo de sufrir este trastorno. A diferencia de la madre, los episodios depresivos pueden aparecer dentro de los tres y seis meses después del nacimiento.

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