Actividades extraescolares, ¿claves para la conciliación o una elección formativa?
Buscar actividades que completen el horario escolar puede ser una buena opción para los padres, pero no siempre lo es para los más pequeños
Por Leire Fernández
Los horarios laborales y la necesidad de conciliación provocan habitualmente que las familias tengan que buscar recursos para lograr cierta estabilidad entre vida familiar y laboral. Uno de los recursos utilizados son las extraescolares, que si se unen al horario lectivo obligatorio pueden facilitar el que los progenitores tengan algo más de margen. Sin embargo, hay que tener en cuenta que las actividades extraescolares son «voluntarias» y «los niños deben estar de acuerdo con la elección», como recalca la psicóloga Verónica Rodríguez Negro, del Colegio de Psicología de Bizkaia. «Nadie obliga a que se hagan estas actividades, por lo que tienen que ser enriquecedoras y algo que al niño le apetezca. Muchas veces se plantean no solamente en función de las necesidades de los niños, sino como una solución para poder ocupar esas horas en las que no tienen quienes se hagan cargo de ellos», lamenta la profesional. Esto puede provocar una sobrecarga en los más pequeños. «Si desde las 9 de la mañana, además de las clases, ha tenido otra actividad en el descanso del horario del comedor, para cuando llegan las 17.00 tienen una carga ya bastante grande. Si llegan a casa a las 19.00 de la tarde y encima tienen las tareas del colegio aún por hacer al final la carga de horas es excesiva».
Para evitarla, pero poder disfrutar de las extraescolares (tanto por conciliación como por placer) tenemos que tener en cuenta diferentes claves. «Lo primero intentar que las actividades extraescolares no se desarrollen todos los días de la semana. Podemos programar una o dos actividades, o dos días a la semana para que hagan una actividad, pero no todos», destaca Rodríguez Negro. «Además no debe ser impostada. Es decir, que no sea que como a mí me gusta el fútbol pues el niño tiene que ir a fútbol cuando lo que le gusta es el kárate. Tienen que disfrutarla». Y por qué no, salirse un poco de la norma. ¿Por qué no dedicar el fin de semana a hacer alguna actividad? «Podemos por ejemplo irnos al monte con ellos o, si les gusta, apuntarnos a talleres culturales. Hay muchas opciones dentro de los museos por ejemplo. Además, ese tiempo es enriquecedor porque están con los padres, haciendo cosas en familia, compartiendo valores, entretenimiento e incluso luego seguir hablando de lo que han estado haciendo».


Para poder saber si la carga de actividades está siendo excesiva, nada como observar cómo se encuentran. «Si hay un descenso en el rendimiento académico, si le cuesta prestar atención, concentrarse, está enfadado o irritado… si un día está cansado no pasa nada, pero si es todos los días ahí tengo que creerle y ver que puede haber un problema. Además, el estrés también puede provocar efectos físicos como dolor de cabeza o de estómago o lo que se llama síndrome del domingo por la tarde que a veces se relaciona con problemas de acoso escolar, pero que también puede ser un síntoma de un sobresfuerzo o una sobrecarga en su forma de vida», enumera la psicóloga.
En primera persona
En mi caso es mi marido el que se encarga de recogerlos, llevarlos, traerlos… Tengo tres hijos, pero de momento solo tienen extraescolares las dos mayores porque el pequeño es muy peque aún. Mis hijos hacen jornada partida en el cole, por lo que hacen algunas extraescolares en el descanso del comedor, algo que facilita mucho la organización al acabar el horario escolar. A la hora de elegir la extraescolar de fuera elegimos algo que les gustase, evidentemente, pero también que estuviera cerca de casa. Aun así solemos ir corriendo porque empieza a las 17.30 horas y salimos a las 17.00 del cole. Lo bueno es que de momento las dos van a la misma extraescolar y no tenemos que desdoblarnos.
Tengo tres hijos, dos niños de 12 y 10, y una niña de 4 años. Los niños hacen fútbol por elección propia y la pequeña está en gimnasia rítmica y tenis y también lo eligió ella. En nuestro caso la organización es bastante fácil porque su padre es bombero y yo profesora, así que tenemos una buena conciliación y nos turnamos según los horarios del trabajo para poder llevarlos. Además, en el caso de los niños el equipo de fútbol les pone transporte para llevarles a entrenar lo que también facilita mucho.
Tengo un hijo de 9 años que va a fútbol, inglés y al conservatorio y una niña de cuatro años que actualmente va a música y a natación. En general, me encargo yo de ellos, por eso dejé el trabajo por la tarde. Mi marido solo va a recogerlos si coinciden en algo ya que yo no puedo desdoblarme. Cuando no son las extraescolares también me tocan las tareas del colegio, así que sin haberme reducido la jornada laboral sería inviable.
Yo tengo cuatro hijos, dos chicos de 13 y 10 y dos niñas de 2 y 1. Mi pareja trabaja en un supermercado con turnos que rotan cada semana. Y yo teletrabajo de 7.30 a 16.30. Los chicos van a fútbol, uno entrena dos días a la semana y el otro, tres días. Entrenan a varios kilómetros de casa y tenemos que llevarles en coche. Además, el de 10 años va a clases
particulares tres días por semana. En mi hora de comer, tengo que ir a buscar a las niñas a la escuela infantil, las llevo a casa y las acuesto la siesta. Si mi marido trabaja de tarde me toca dejar al mayor a cargo de las pequeñas el rato que tardo en llevar al pequeño a las clases, y los días que tienen fútbol pues nos organizamos dependiendo de su horario de trabajo.
Estoy divorciada y tengo dos hijos, y doy gracias infinitas a la ayuda de mis padres y a que relativamente todo está cerca de mi trabajo, si no me sería imposible. Actualmente el niño va a inglés, fútbol y particular, con lo que tiene casi todas las tardes ocupadas; y la niña Micaela va solo a ballet, pero el año que viene empezará también con el inglés y tocará volver a reorganizarse.
En mi caso he tenido que dejar de apuntar al mayor, que tiene 12 años, a alguna cosa para que pudiera ir la pequeña de 6 a las suyas porque se solapaban los horarios y era imposible. Él va a fútbol, que ya es bastante porque le supone tener actividad 3 días a la semana, y a catequesis; y la niña a piano, y en el propio colegio hace teatro y deporte, otros tres días ocupados. los horarios de trabajo mi pareja no está disponible y a veces entre mi propio empleo, las clases, los deberes y demás yo no doy abasto.
Tengo tres hijos y les tengo apuntados dentro del propio colegio a varias cosas algo que me facilita mucho porque se quedan al comedor y hacen jornada seguida hasta la hora en la que salen de extraescolares. La niña sí tiene, además, piano fuera del colegio porque lo pidió ella y ahí tengo que organizarme para llevarla y recogerla. Acabamos bastante tarde y además le coincide con baile moderno en el colegio, así que tiene bastante jaleo esos días. Yo soy profesora y dentro de eso tengo buenos horarios, pero por ejemplo tengo tutorías los lunes por la tarde, por lo que tengo que apuntarles a la extraescolar en los días que yo tengo tutorías para poder llegar a recogerles, y siempre que salga a la hora, si se me complica ya tengo que pedir que alguien les recoja.
Los errores clásicos
En cuanto a cuales son los errores más habituales a la hora de elegir las extraescolares, la experta lo tiene claro. «Intentar que el niño haga lo que a nosotros nos hubiera gustado es el más habitual», reconoce. «Otro suele ser fijarnos solo en el horario como complemento a la jornada laboral y no en la actividad en sí. En algunos casos no queda más remedio, pero intentemos que no sea así. Y por otra parte no debemos obligarlos a estar en algo que no les gusta por un año o dos». «Si nuestro hijo se ‘equivoca’, es decir toma una decisión y al de cuatro días dice que no quiere ir, debemos hablar con él sobre ello, averiguar por qué y si es algo que se pueda solucionar intentar solucionarlo», especifica.
Darles por ejemplo un margen de tiempo para que prueben la actividad y después decidan si quieren continuar puede ser una buena opción. «Los niños necesitan normas. Si nosotros les decimos que durante un mes van a probar kárate por ejemplo, ya saben que ese mes van a ir y después tomarán la decisión, y que esa elección depende de ellos. Y tenemos que tener claro que pueden equivocarse, permitamos que lo hagan porque aprenderán de ello además».
Y, sobre todo, «no olvidarnos de que los niños son niños. No son adultos de talla bajita. No podemos cargarles en exceso, no podemos olvidar que necesitan también sus juegos, su tiempo libre, su jugar con una caja de cartón cuando están fuera de casa y no tienen juguetes. No podemos ocupar toda su agenda totalmente con actividades obligatorias».

