El apagón de España que encendió las alertas sobre la ciberseguridad
El corte de luz dejó en evidencia la necesidad de estar preparados ante crisis imprevistas y experto recomienda estas medidas de seguridad para las compañías
Por Jazmín Romero
El gran apagón del 29 de abril, que dejó sin suministro eléctrico a miles de personas en España y Portugal, encendió una alarma que iba mucho más allá de la luz. Aunque el Gobierno señaló como causa principal unas oscilaciones en la red del sur de la península, el hecho de que se llegara a considerar la posibilidad de un ciberataque dejó entrever una verdad incómoda: no estamos preparados.
«Que se haya tenido en cuenta el ciberataque como hipótesis ya es, en sí, algo positivo. Al menos se abre el debate público sobre qué podría pasar si fuera real», reflexiona David Conde, experto en ciberseguridad del Centro de Operaciones de Seguridad de S21SEC. «Pero lo realmente preocupante es que, aunque no lo haya sido, este apagón ha demostrado lo vulnerables que somos incluso ante un fallo interno del sistema».
En un contexto global cada vez más tenso, donde las guerras tienen un componente más digital que físico, la ciberseguridad ha dejado de ser un asunto exclusivo de tecnólogos para convertirse en una cuestión de Estado… y de empresa. La Unión Europea ya venía alertando sobre posibles escenarios disruptivos, desde desastres naturales hasta ataques informáticos masivos. Y aunque parezcan distantes, cada vez son más reales.
«En otros países como Suiza, el Gobierno reparte medicamentos y medios, hay miles de búnkeres repartidos por el territorio. Allí la preparación ante desastres forma parte de la cultura. Aquí, un simple apagón ha demostrado que ni las organizaciones más críticas disponen de medios o un kit de emergencias antiataques para responder a una situación disruptiva», apunta Conde. Teniendo en cuenta que, a día de hoy, las guerras tienen un componente más digital que físico, la compañía de Conde ha elaborado una guía de recomendaciones, de modo que las empresas puedan proteger la continuidad de sus negocios ante cualquier eventualidad. Entre otras medidas, aconsejan contar con un plan de respuestas a incidentes, una copia de seguridad de datos, potenciar la comunicación interna y externa de la compañía, contar con herramientas de detección y respuestas…
«Porque un mal mensaje en una crisis puede generar más caos que el propio ataque. Por eso, no solo hay que tener herramientas técnicas, también hay que preparar a los trabajadores de las empresas», remarca el experto. «Durante el apagón muchas empresas que dependen del sistema de suministro eléctrico han estado esperando la respuesta del Gobierno y la comunicación interna fue muy escasa, y si hubiera sido un ciberataque, el departamento de comunicación tendría que haber lidiado con esto».
«El kit de ciberseguridad es imprescindible para saber actuar ante posibles ataques»
No existen castillos invulnerables
Aunque las infraestructuras críticas están obligadas por ley a contar con planes de respuesta ante un ciberataque, la realidad es que «no existe la empresa invulnerable. Siempre se puede mejorar, revisar, medir. Y, sobre todo, aceptar que lo que hoy estás preparando es para las amenazas que ya conoces. Pero las más peligrosas son las que todavía no se han descubierto», asegura. Además, una de las estrategias más comunes entre las bandas cibernéticas es atacar por los eslabones más débiles: proveedores pequeños, terceros subcontratados o personal directivo. «Esas empresas no están preparadas para la ciberguerra, pero son la puerta de entrada perfecta. Desde ahí pueden escalar hasta una infraestructura crítica». Y no solo se trata de cortes de servicio. Muchas veces, el verdadero daño es silencioso. «Hay ataques que no buscan apagar la luz, sino robar planos, sistemas, información clave. No se nota al principio, pero meses después pueden entrar sin que nadie se dé cuenta», advierte.
«Un mal mensaje en una crisis puede generar más caos que el propio ataque»
Para lo que no se ve
En el ámbito de la ciberseguridad, existen amenazas que, aunque menos visibles, pueden tener consecuencias mucho más graves que los tradicionales, como los de ransomware, que pueden paralizar las infraestructuras críticas. «Podemos protegernos de estos ataques, pero hay otros tipos de amenazas que pasan más desapercibidos y que pueden ser incluso más dañinos». Un ejemplo claro es el robo de información sensible. «Imagina que sustraen planos o sistemas clave de una infraestructura crítica. No verás un paro inmediato en la producción, pero dentro de unos meses podrías tener una brecha por la que los atacantes entren a tu planta sin que te des cuenta». Por lo que afirma que este tipo de ataques puede comprometer gravemente la seguridad de las organizaciones, afectando a su funcionamiento a largo plazo». Por eso, Conde insiste en que la preparación no es solo cuestión de tecnología. Sostiene que hace falta cultura de crisis. «Sentarse, planificar y ensayar, para no improvisar en estas situaciones».

