Palacio Euskalduna, el proyecto que marcó el inicio de la reconversión de Bilbao

La construcción del Palacio Euskalduna cerraba la etapa industrial de la ciudad para «conectar con el modelo de política urbana diseñado para el siglo XXI»

Por Laura A. Izaguirre

«Hace 15 años Bizkaia vivía uno de los peores momentos de su historia. La ría, motor en otros tiempos de la modernización de toda la península, se nos vino abajo y nos dejó un panorama desolador con cierres de empresas, pérdidas de puestos de trabajo, contaminación… Quedó un Bilbao a la quiebra, apesadumbrado, carente de fuerza y lleno de tristeza. Esta situación nos empujó a pensar. También a soñar. A lo largo de los años 90, nuestra década prodigiosa, soñamos con un nuevo Bilbao. Y ese nuevo Bilbao ya está aquí».
Josu Ortuondo, el entonces alcalde de Bilbao, inauguraba con estas palabras el Palacio Euskalduna. Era el 19 de febrero de 1999 y era también el principio del camino de la reconversión de Bilbao.
El nuevo rumbo de la villa había comenzado a escribirse en 1992, cuando la Diputación de Bizkaia convocó un concurso público de anteproyectos para la construcción de un palacio de congresos y de la música en Bilbao. En total se presentaron 94 trabajos, entre los cuales resultó seleccionado el titulado ‘El buque fantasma… de Wagner, naturalmente’ de los arquitectos Federico Soriano y Dolores Palacios, que concibieron este nuevo espacio como un homenaje a la herencia industrial de la ciudad.

«Este edificio conecta con el modelo de política urbana diseñado por el Ayuntamiento para el siglo XXI»

No en vano, el futuro nuevo palacio de congresos iba a ubicarse en los terrenos en los que apenas un siglo antes Ramón de la Sota y Eduardo Aznar levantaron la Sociedad Euskalduna de Construcción y Reparación de Buques, más conocida como Astilleros Euskalduna.
No es por ello de extrañar que este nuevo edificio tomara el nombre de ‘Euskalduna’ en honor a una de las fábricas más importantes de creación y reparación de barcos ni que su diseño evoque a una nave en permanente construcción que emerge del dique en el que estuvieron estos astilleros cuyos restos fueron demolidos por completo en 1993. Se cerraba así la época industrial de Bilbao y se vislumbraba el inicio de un nuevo rumbo de ciudad que se ha convertido en la urbe cosmopolita que es hoy en día, tal y como recogió el alcalde Ortuondo aquel 20 de junio de 1994 en el acto de colocación de la primera piedra: «Este edificio conecta con el modelo de política urbana diseñado por el Ayuntamiento para el siglo XXI».
«Un símbolo del indomable espíritu de los bilbaínos que contribuirá a devolver a Bilbao su carácter de ciudad abierta, acogedora, emprendedora y culta», lo definió Tomás Uribetxeberria, quien en aquel momento era diputado de Cultura. El Palacio Euskalduna se inauguraba apenas cinco años después, el 19 de febrero de 1999, en un acto que reunió a la flor y nata de la sociedad bilbaína y que, sin embargo, tuvo como protagonistas a dos personas totalmente anónimas: Sebastián Pérez de Palomar, un antiguo trabajador de Euskalduna, y Ana Orue, una joven estudiante de música de 11 años. Ellos fueron los encargados de romper la botella de champán contra la quilla del último buque del antiguo astillero en la que fue la simbólica inauguración de un edificio cuya historia no había hecho más que empezar.
El Palacio Euskalduna se convertía así en un punto de referencia para eventos culturales y corporativos tanto a nivel nacional como internacional. Tal es así que apenas unos años después de ponerse en marcha, obtuvo el Premio Enric Miralles 2001 en la VI Bienal de la Arquitectura Española, y en 2003 fue elegido como el mejor palacio de congresos del mundo.
Otro hito trascendental en la historia de este palacio de congresos y de la música fue su ampliación: en 2012, y respondiendo a nuevos programas y condicionantes en el uso del equipamiento, se construyó una ampliación a través de un espacio poli funcional adosado a su lado este, que comenzó a utilizarse con el XVI Congreso Nacional de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica.

Los arquitectos y su obra

El Palacio Euskalduna está construido en acero ‘Corten’, que tiene un bajo contenido de carbono y cuya principal característica es que en superficie forma una delgada capa de óxido, compacta e impermeable, que refuerza su aguante a la corrosión atmosférica, posee una elevada resistencia mecánica y cuyo color evoluciona con el tiempo. Un inmueble del que sus arquitectos, Federico Soriano y Dolores Palacios, destacan la multifuncionalidad, su construcción a base de cuadernas según las técnicas navales y las diferencias entre sus dos fachadas principales: la que se asoma a la ría, más industrial; y la opuesta, integrada en la ciudad, más urbana. «De lo que nos sentimos más orgullosos es de cómo el edificio se ha ido comportando a lo largo del tiempo, cómo ha respondido a los retos planteados y a otros que nunca imaginamos que podrían plantearse, pero a los que también ha sido capaz de dar respuesta», declaró Soriano en el 15º aniversario.

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