El estrés, la falta de ejercicio y la dieta, el tridente causante de la inflamación
Esta respuesta fisiológica del sistema inmune afecta sobre todo al sistema digestivo
Por Leire Fernández
¿Te levantas cansado y sin energía por la mañana? ¿Sufres de infecciones recurrentes? ¿Tienes dificultades a la hora de concentrarte? ¿Te cuesta perder peso o dormir? ¿Tienes dolores musculares o de cabeza sin razón aparente? Si has contestado sí a una o más de estas preguntas y no sabes el motivo de que te suceda quizá la respuesta a tus síntomas sea la inflamación crónica, una respuesta fisiológica del sistema inmune y que afecta especialmente a todo lo relacionado con el sistema digestivo porque el 70% del sistema inmune se encuentra en el intestino. Magda Nedza ha publicado ‘La inflamación bajo control’ en la que ofrece una guía práctica y clara para ayudarnos a identificarla y a controlarla. «Detrás de la inflamación crónica de bajo grado puede haber una sintomatología muy diversa. Al final, dependiendo de la persona, puede variar muchísimo. Podemos presentar solamente un síntoma o varios síntomas. Para identificarla existen algunos parámetros que podríamos incluir en nuestra analítica. Por ejemplo, la proteína C reactiva ultrasensible o la velocidad de sedimentación. Luego también nuestro hemograma, los leucocitos y los neutrofilos, sobre todo el ratio entre estos dos parámetros. La seritina, cuando las mujeres la tenemos alta puede significar que tenemos problemas con esa inflamación de bajo grado. También el perfil lipídico, el colesterol, el ratio de LDL con HDL…», especifica la especialista.
Entre los factores que influyen para que se dé esta inflamación uno de los más característicos es el estrés, junto con la falta de descanso y la dieta. «Tenemos estresores por todas partes y es importante ser consciente del problema. Lo veo a diario en consulta que muchas mujeres nos adaptamos a altos niveles de estrés y estamos acostumbradas a tener el cortisol por las nubes. Esto al final nos desregula y nos inflama muchísimo», comenta. Por ello lo primer que tendremos que hacer es reconocer si tenemos estrés en nuestra vida e identificar qué es lo que podemos hacer para mejorarlo. «Por ejemplo, intentar salir a caminar o hacer algún otro tipo de actividad física, que al final siempre movernos, sobre todo si lo hacemos al aire libre, nos ayuda a gestionar un poquito estos niveles de estrés. Podríamos encontrar algún tipo de actividad que nos guste, leer un libro, sobre todo por la noche en vez de estar con el móvil porque sabemos que las pantallas alteran al final nuestra calidad del sueño, lo que repercute de manera negativa también los niveles de estrés en nuestra vida», enumera Nedza.
Los 40, edad clave
Si la situación personal que vivamos influye en la posibilidad de sufrir inflamación crónica, la edad también es un factor determinante. En concreto, a partir de los 40, aproximadamente, o cuando se llega a la menopausia o perimenopausia es uno de los momentos vitales más significativos en este sentido. «Es muy importante que nos preparemos para la menopausia porque luego influye en el periodo de postmenopausia, que va a ser mucho más largo. Sobre todo, llevar una dieta equilibrada de perfil antiinflamatorio con aporte de proteína, de baja carga glucémica para no provocar demasiados picos de azúcar en sangre, con suficiente aporte de grasas saludables, que a las grasas no les tenemos que tener miedo, que en su justa medida es antiinflamatoria e incluso nos ayuda a mantener un buen equilibrio hormonal», comenta.
Según la experta también es importante tener en cuenta otros nutrientes claves como, por ejemplo, un suficiente aporte de omega 3, vitamina D, proteína, fibra, también en fruta y verdura, que tienen antioxidantes. «La nutrición influye en mejorar este contexto inflamatorio en el que vivimos todos nosotros. Y, por supuesto, otro factor muy importante es la actividad física, meter un poquito de ejercicio de fuerza que nos ayuda a trabajar un poco nuestro músculo, lo que se traduce en que más adelante no sufrimos la sarcopenia, que es la pérdida de masa muscular, y la osteopenia y la osteoporosis, que es muy común en las mujeres en la edad de menopausia».
¿Los niños también sufren inflamación?
Aunque lo más habitual es que sean los adultos los que sufran de inflamación crónica, cada vez más los especialistas se encuentra con este problema en menores. Nuestro estilo de vida en el que permanecen más tiempo encerrados en el interior y menos jugando en la calle, el exceso de productos ultraprocesados pensados específicamente para que les resulten atractivos y el exceso de pantallas repercuten de manera clara en su salud general. «Al final es un ambiente cada vez más proinflamatorio, por lo que también deberemos cuidar qué podemos hacer para mejorarlo. Que el niño se mueva, reducir sobre todo los alimentos ultraprocesados, todas esas galletas y los cereales de desayuno muy altos en azúcares que, al final, al niño le da un chute de energía, se activa muchísimo, pero luego le da otra vez el bajón rápido. Por supuesto, todo lo que comemos al final influye, pero también el exceso de pantallas y la falta de actividad física al aire libre. Y deberíamos tenerlo en cuenta porque al final eso repercute en la salud del niño. Hay cada vez más menores que contraen enfermedades que antes contraían solamente las personas de edades más avanzadas».

