La IA llega a las aulas: un potencial pedagógico que necesita de un marco común
El debate no es si utilizarla o no, sino saber integrarla para que «esté al servicio del aprendizaje» en base «a criterios éticos, pedagógicos y críticos»
Por Laura A. Izaguirre
Que la Inteligencia Artificial es una tecnología que ha llegado para quedarse es una realidad también en el ámbito educativo. De hecho, según la segunda ‘Encuesta de percepción social de la innovación educativa’, el 51,3% de los profesionales del sector educativo y el 43,7% de las personas de fuera del sector consideran que «es una herramienta digital actual que no debemos ignorar en los procesos educativos». Tal es así que según el profesorado participante en el estudio ‘Aplicación de la Inteligencia Artificial (IA) en Educación: Los beneficios y limitaciones de la IA percibidos por el profesorado de educación primaria, educación secundaria y educación superior’ de la EHU, el uso de la IA en las aulas ofrece al alumnado «un aprendizaje más personalizado, mayor acceso a recursos, más apoyo a la diversidad y una preparación para la realidad futura», mientras que a los docentes les permite «ahorrar tiempo y automatizar tareas, les ofrece apoyo en la creación de materiales y mejoras en algunos procesos de evaluación y feedback».
La Unesco también lo tiene claro, esta tecnología tiene el potencial de hacer la educación más inclusiva y equitativa, siempre que se acompañe de políticas de acceso universal y formación digital. Es decir, el debate no reside en si se utiliza o no, sino en cómo debe hacerse. «La IA ya está presente en muchos contextos educativos, pero su integración es todavía más experimental que sistemática», defiende Nahia Delgado de Frutos, profesora del departamento de Didáctica y Organización Escolar de EHU y coautora del estudio. Es decir, «el profesorado es consciente del potencial de la IA, pero percibe más limitaciones que beneficios y predomina un uso puntual, muchas veces impulsado por la iniciativa individual de los docentes más que por un marco pedagógico claro y compartido», detalla la experta.
De hecho, «uno de los errores más comunes es introducir la IA sin una reflexión pedagógica previa, viéndola como una solución automática y neutral», puntualiza Delgado de Frutos. Además, «el sistema educativo aún presenta carencias en formación, normativa y orientación pedagógica que oriente para qué y cómo se va a utilizar». Es por ello que la formación inicial y continua debería abordarse de manera progresiva y diferenciada, adaptándose a las características y necesidades de cada etapa educativa. «No se trata únicamente de aprender a usar herramientas concretas sino de aportar una formación integral que ponga el acento no solo en su dimensión técnica sino también en los aspectos pedagógicos, éticos y críticos atendiendo a cuestiones como la privacidad de los datos, la equidad y la transparencia de los sistemas utilizados», hace hincapié la profesora de la EHU. Y, al mismo tiempo, que esa formación esté orientada «al desarrollo de competencias clave como el pensamiento crítico, la alfabetización digital, la capacidad de evaluación responsable del uso de la IA en el aula y la ciberseguridad, especialmente para poder trabajar con menores la protección de datos, la identidad digital y el uso seguro de estas tecnologías», añade.
Implicación de todos
Una integración de la IA que debe hacerse de manera compartida, es decir, involucrando a toda la comunidad educativa, incluyendo equipos directivos, docentes, alumnado y familias. «En el caso del alumnado, es fundamental que sea formado como usuario crítico y responsable de la IA, aprendiendo a cuestionar los resultados que ofrecen estos sistemas, a contrastar la información y a no aceptar de manera acrítica las respuestas generadas, y ser consciente de cuestiones como la privacidad de los datos, los sesgos algorítmicos y el impacto de estas tecnologías a nivel social y ambiental», expone Delgado de Frutos.
Por su parte, «las instituciones educativas tienen una responsabilidad estructural y estratégica, por lo que son las encargadas de establecer marcos claros de uso, normas y criterios compartidos que orienten cómo, cuándo y para qué se puede utilizar la IA en los procesos de enseñanza y aprendizaje». En ese sentido, «deberían garantizar formación adecuada y diferenciada para el profesorado, asegurar la equidad en el acceso a la tecnología, velar por un uso ético, seguro y pedagógico de la IA y, al mismo tiempo, liderar una reflexión colectiva sobre el sentido educativo de la IA y promover una cultura de corresponsabilidad».
Los riesgos
• Uso inadecuado y falta de revisión crítica de los resultados ofrecidos, especialmente por parte del alumnado.
• Dependencia excesiva que puede limitar el desarrollo de la autonomía y la capacidad de resolver problemas.
• Disminución del pensamiento crítico y del esfuerzo al delegar procesos cognitivos complejos en sistemas automatizados.
• Riesgos éticos, de privacidad y de seguridad de los datos vinculados al tratamiento de la información personal del alumnado.
• Sesgos algorítmicos, ya que los sistemas de IA no son neutros: reproducen y amplifican los sesgos presentes en los datos con los que han sido entrenados, lo que puede derivar en decisiones injustas, discriminatorias o poco equitativas en contextos educativos.
• Deshumanización del aprendizaje, al reducir la interacción humana y dejar en un segundo plano dimensiones esenciales como la empatía, el acompañamiento emocional y el juicio pedagógico del profesorado.
Uso en las distintas etapas educativas
• Educación Infantil: presencia muy limitada. Se prioriza la interacción humana y el desarrollo emocional, y la IA suele utilizarse de forma indirecta, por ejemplo, a través de recursos digitales adaptativos.
• Educación Primaria: el profesorado la valora como apoyo para crear contenidos más atractivos, motivadores y para automatizar tareas.
• Educación Secundaria: se utiliza principalmente para la creación de materiales, búsqueda de información y apoyo al estudio, aunque es la etapa donde más preocupa su uso inadecuado debido al plagio, su uso excesivo al hacer los trabajos del aula y cómo afecta la dependencia de la IA al desarrollo del pensamiento crítico.
• Universidad: es la etapa donde está más presente y donde el profesorado identifica tanto más beneficios como riesgos, especialmente en evaluación, ética, seguridad y necesidad de cambio metodológico.
Herramientas más habituales hoy en día en las aulas
• Sistemas de generación de texto y apoyo a la escritura: ChatGPT, Gemini…
• Herramientas de corrección automática y feedback.
• Herramientas para generación de imagen e incluso vídeo.
• Sistemas de detección de plagio.
• Aplicaciones de traducción y acceso a información.
• Aplicaciones como Google Notebook para la creación de cuestionarios y apoyo en el estudio.
Valor pedagógico que puede aportar en cada nivel educativo
• En Primaria, puede ser especialmente útil para motivar, personalizar aprendizajes y apoyar la diversidad.
• En Secundaria, tiene potencial para trabajar competencias como la búsqueda crítica de información y la creación de materiales.
• En Educación Superior, puede aportar un alto valor en evaluación, análisis de datos, desarrollo de habilidades complejas y formación crítica.

