Claves para ayudar a tus hijos a estudiar matemáticas

La ansiedad matemática es un bloqueo psicológico que impide ejercer las habilidades de esta ciencia. Un problema que se transmite de persona a persona, incluso de los padres y los profesores

Por Jazmín Romero

Aprender matemáticas en clase y repasarlas en casa, en ocasiones, no solo se presenta con dificultad para muchos niños y niñas, sino también para los propios padres. Principalmente, cuando a estos nunca se les dio bien esta materia y se ven enfrentados al desafío de ayudar a sus hijos con alguna tarea. Lo cierto es que no se trata de que no posean la habilidad necesaria para esta ciencia, sino que podrían estar experimentando una condición psicológica conocida como ansiedad matemática.

«La ansiedad matemática no significa que uno no tenga la capacidad necesaria para superar los problemas escolares, sino que existe un bloqueo psicológico que impide ejercer las habilidades matemáticas; y esto se ha visto que se transfiere de unas personas a otras», señala el reconocido matemático Eduardo Sáenz de Cabezón, divulgador y presentador que recientemente ha publicado un libro en el que enseña a aprender el aprendizaje.

Sáenz de Cabezón detalla que existen dos grupos de personas que ejercen una influencia muy fuerte en este bloqueo psicológico en la mayoría de los niños: los educadores y los propios padres. «Si el propio maestro no se siente cómodo enseñando las matemáticas o no se considera con las habilidades suficientes, esas inseguridades se transmiten. Además, si en el hogar se repiten comentarios como ‘a mí no se me dan bien las matemáticas’ o ‘son muy difíciles’, esto puede generar una actitud, no necesariamente de rechazo, pero sí de ansiedad hacia esta materia. Esta actitud puede desencadenar una condición psicológica de bloqueo cuando se enfrenta la materia», añade el experto.

Para superar esta barrea, Sáenz de Cabezón aconseja a los padres que sean pioneros en mostrar interés hacia esta disciplina: «Tener una actitud positiva y mostrarla ante nuestros hijos, hablar sin dramas de las matemáticas, sin ansiedad ni juicios negativos; simplemente, presentarlas como algo que es útil, que se puede aprender y mejorar».

Para ello, el investigador destaca diversas técnicas que no solo facilitan el proceso de aprendizaje sino que también contribuyen a la consolidación de conocimientos. «Hay evidencias científicas que muestran que la práctica continuada, así como la práctica deliberada con una retroalimentación adecuada, resultan muy útiles para el aprendizaje. También la rememoración y la implicación de la persona en las tareas, lo que en ciencia de la educación se llama dificultad deseable».

«Una nota es un baremo muy pobre a la hora de explicar qué está ocurriendo con el aprendizaje de una persona»

Eduardo Sáenz de Cabezón

En este sentido, Sáenz de Cabezón explica que la implicación requiere de una motivación para encarar las dificultades que se presentan durante el proceso del aprendizaje: «La estimulación es lo que hará que nos comprometamos cuando nos veamos enfrentados a los diferentes ejercicios y problemas que presentan las matemáticas».

Entre otras técnicas sugeridas para llevar a cabo el aprendizaje, destaca la importancia de relacionar los nuevos conceptos con lo previamente aprendido, como lo son las aficiones y los deseos. «No es necesario que el estudio sea placentero, sino que tenga sentido; que la persona perciba que le aporta algo que es beneficioso, y esto se logra a través del contexto», detalla el divulgador. «Podemos crear situaciones de aprendizaje para nuestros niños en el que las matemáticas se conviertan en una ayuda, un apoyo o un atajo para mejorar su desempeño en áreas que les interesan, ya sea en juegos, deportes u otras materias que les atraigan».

Además, Sáenz de Cabezón destaca que el error más común consiste en pensar que las matemáticas se limitan a unos ejercicios específicos y carecen de relación con otras áreas, cuando en realidad tienen la capacidad de moldear el pensamiento cotidiano de las personas. «Por ejemplo, ayudan a estar muy atentos a los errores, a ser rigurosos con los pasos de un procedimiento, a ser capaces de reaccionar bien ante las frustraciones, y ante los errores. Estas son algunas de las habilidades que se adquieren en el aula de matemáticas y que son importantes en la vida», puntualiza el matemático.

La utilidad del error

Comprender la importancia de relacionar las matemáticas con la vida cotidiana es una estrategia para fomentar el aprendizaje. Según Sáenz de Cabezón, no solo implica comprender, sino también motivar y valorar los logros. «Si estamos enfocados solamente en los resultados, el error es menos útil. Sin embargo, si estamos encauzados en el desarrollo, el error casi siempre es útil para mejorar el proceso. Y así le vamos perdiendo miedo al error, lo naturalizamos y, por tanto, nos ayuda también a aprender».

Trasladado a las aulas, este temor suele convertirse en un verdadero desafío durante los exámenes. «Recuerdo que mi profesor de matemáticas nos sometía a numerosas pruebas. Sin embargo, si en algún examen fallábamos muchos, simplemente lo repetía. Incluso si volvíamos a cometer errores, no pasaba nada; nos hacía otro examen. De esta manera, logramos perder el miedo a los exámenes y la sensación de que eran pruebas definitivas
que marcarían nuestro rendimiento en el curso».

Y aunque sostiene que los exámenes son oportunidades para demostrar lo mejor de uno, deben abordarse sin generar un miedo paralizante que obstaculice el proceso de aprendizaje y que, al mismo tiempo, podría resultar en una calificación baja debido a la ansiedad del momento.

Calificaciones

¿Puede una puntuación calificar al estudiante? «Una nota es un baremo muy pobre a la hora de explicar qué es lo que está ocurriendo con el aprendizaje de una persona. Pienso que hay que estar atentos al alumno como un todo, no reducirlo a un número. Lo que nos debe interesar es el camino largo, para eso tenemos que acompañar a nuestros niños y tratar de conocer cómo son aprendiendo, cómo son sus procesos de aprendizaje para poder ayudarles en ello, y si nosotros no podemos ayudarles personalmente, buscar la ayuda o ser colaboradores de sus maestros», aconseja Sáenz de Cabezón.

Por último, el experto en matemáticas también sugiere a los padres normalizar la conversación sobre lo que sucede en el día a día en las escuelas, tanto de lo positivo como lo negativo. «Si solo hablamos de los éxitos y ocultamos los fracasos, se disimulan», cuando se debe crear un ambiente en el que sea natural hablar de todo lo que ocurre en clases», concluye Sáenz de Cabezón.

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