«Los centros educativos son un lugar estupendo para aprender a prescindir del móvil»

El uso irresponsable de los teléfonos celulares no solo depende de una norma, sino que «los límites deben ser promovidos desde el hogar»

Por Jazmín Romero

Desde el auge de las redes sociales y la tecnología de los aparatos móviles, el uso de estos dispositivos se presta a convertirse en un verdadero problema tanto para jóvenes como para adultos. Trasladado a los centros educativos, y en manos de un menor de edad, la manipulación irresponsable podría resultar «mucho más grave de lo que se piensa».

En este sentido, también en Euskadi se hace relevante el debate sobre prohibir su uso dentro del contexto escolar. El Gobierno vasco decidió que la responsabilidad recaiga en los centros educativos para regular la gestión de los teléfonos y relojes inteligentes dentro de las aulas.

Pero, ¿se puede fomentar una utilización adecuada dentro de las escuelas? «El tema es que, desgraciadamente, no hay medias tintas. Sí, lo ideal sería que aprendiéramos a hacer un uso apropiado, pero parece ser que eso no es posible, como tampoco lo son en los hogares», señala Jorge Flores, fundador y director de ‘Pantallas Amigas’, organización que se encarga de promover desde hace 20 años el bienestar digital en centros educativos.

En este contexto, Flores destaca la importancia de diferenciar el uso de las pantallas de los móviles. «Los móviles tienen pantallas, pero no todas las pantallas son móviles», explica. «He leído que algunos decían que el colegio es el mejor lugar para aprender a usar bien los teléfonos. No estoy muy de acuerdo, sino que más bien diría que es, desde luego, un estupendo lugar para aprender a prescindir el móvil».

Para profundizar en el debate, analiza otras cuestiones como «ver desde qué edad estamos hablando», para permitir el uso de estos aparatos dentro de las aulas. «Desde luego, creo que en Primaria no pintan nada. En Secundaria tampoco, al menos en casi todos los primeros años. Y ya en otras edades, habría que normalizar e integrar más su uso, siempre hablando fuera de la aplicación didáctica».

Además, Flores resalta que en Secundaria se podría considerar la utilización de otros tipos de pantallas como herramientas con un fin didáctico y en otras circunstancias que requieran su empleo. «Fuera de eso, pienso que es un buen ejercicio prescindir el móvil, porque ayudará a desarrollar otras competencias y habilidades dentro del alumnado para su propio bienestar».

Disminuir tensiones

Pero el beneficio no sólo es para el alumnado, sino también para los propios docentes, agrega Flores, porque llegado a este punto, la realidad de muchos es que «se están encontrando con situaciones gravosas en las que el móvil es el protagonista».

Y, aunque algunas instituciones lo restringen en ciertos horarios, el estrés de tener que lidiar con la presencia de estos dispositivos y mantenerse alerta para que los alumnos no lo enciendan a escondidas durante una explicación, acrecienta el malestar. «Como organización hemos notado un disgusto o situaciones que nos han trasladado estos docentes. Precisamente por eso la determinación de prohibir su uso disminuiría el efecto de esa tensión y de los problemas que acarrea. Por lo tanto, generaría una mayor tranquilidad en los profesores que redundará a su vez en el alumnado».

El empleo indebido de los teléfonos móviles pueden desencadenar situaciones extremas tales como nervios del alumnado, ansiedad por no llevarlo consigo, falta de concentración… «Razón de más por la que debe implementarse esta normativa», justifica el experto, que añade que en muchos casos ayudará a aflorar problemas de «dependencia que tengan que ser atendidos de otra manera, principalmente cuando se trata de alumnos que se desbordan emocionalmente o pierden el equilibrio por extraerles el dispositivo».

«Se puede considerar la utilización de otros tipos de pantallas con un fin didáctico»

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Otras herramientas

«El desprenderse de los móviles en los centros educativos no quiere decir que se deba renunciar a tener acceso constante a la información ni al desarrollo de competencias digitales», resalta Flores. «Para eso hay otras pantallas y, en ocasiones, se puede trabajar de otra manera en la que el teléfono no tenga que estar presente. No se tiene que confundir una cosa con la otra, en absoluto».

¿Qué tipo de desarrollo de competencia digital estamos realizando con los móviles que no se puede hacer de otra manera? «Es algo a lo que muchas veces se alude, sin embargo, creo que muy pocos centros están trabajando algo realmente significativo de competencias digitales donde el smartphone sea el objeto y el núcleo», defiende el experto.

Al mismo tiempo, Flores lleva la cuestión del debate un poco más a fondo. «A veces se traslada a los centros educativos, retos que deberíamos haber conseguido en la casa. Es decir, si los padres somos absolutamente permisivos con determinados temas, no se pueden mandar a esos chicos a que cambien de hábitos o a que obtengan nuevos límites en el centro educativo; se tienen que complementar, pero no se tiene que delegar. Y esto está ocurriendo mucho con un efecto muy pernicioso en la actividad educativa».

Para el presidente de ‘Pantallas Amigas’, la discusión se debe examinar basándose en interrogantes sobre las ventajas que tiene el uso de estos aparatos en los colegios, no sólo en el campo del aprendizaje sino en normalizar su presencia, para que no se produzca un efecto negativo entre la vida habitual y escolar. «Que eso puede tener ventajas, sí, pero está demostrado que también conlleva muchas dificultades». Si consideramos el otro escenario, ¿puede tener inconvenientes y ventajas prohibir la presencia de estos aparatos en las instituciones? «Sí, pero aquí se trata de comparar saldos y tomar decisiones. Creo que, siendo honesto, el saldo más positivo se obtiene con la ausencia del móvil», concluye el fundador y director de ‘Pantallas Amigas’.

¿A partir de qué edad puedo darle a mi hijo un móvil?

Ante la duda sobre a partir de qué edad los padres pueden confiarle un dispositivo móvil a sus hijos, Flores utiliza una analogía: «Imagínate a un niño en una pista de esquí de máximo nivel, acompañado de sus padres y, lo más importante, entrenado desde muy temprana edad. Sus padres le han dedicado mucho tiempo, se encuentra mínimamente preparado y, sobre todo, está acompañado. ¿Es peligroso? Muchos pensarán que en esa pista hay personas que van a gran velocidad y un niño tan pequeño quizás no debería estar ahí, cierto, pero no deja de estar con sus padres». Más allá de la edad, la pregunta sería: «¿cuán dispuestos estarán sus padres a acompañarlos? y ¿cuánto tiempo disponen para ello?», enfatiza Flores. «Por supuesto, influye la edad vinculada a otros aspectos madurativos, de pensamiento crítico, de toma de decisiones, de gestión de las emociones y de carácter», señala el experto, que recalca: «¿Cuánto estamos preparados los padres para dedicarles el tiempo necesario?».

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