«Es un hecho que vivimos más, pero cada vez debe ser mejor»

El cuidado preventivo de la salud a partir los 35 años puede marcar la diferencia cuando se llegue a los 70 o más

Por Johana Gil

A partir de la década de los 30 años empieza el lento y progresivo declive de la juventud, que coincide con el despegue de todas las enfermedades relacionadas con la vejez. ¿Aparecen patologías por el simple hecho de tener más años? Sí, asegura el doctor Ángel Durántez, experto en medicina preventiva para el envejecimiento saludable. Las dolencias cardiovasculares, el cáncer, la diabetes, los trastornos metabólicos, el deterioro neurocognitivo y las enfermedades del aparato locomotor, como la osteoporosis, la artrosis o la sarcopenia –pérdida de masa y fuerza muscular en los adultos mayores–. «Todas ellas se vinculan directamente con el paso del tiempo, probablemente por el cúmulo de daños que hay en nuestros tejidos», explica.

Esta realidad toma relevancia porque la vida del ser humano se está alargando. El aumento de la esperanza de vida en los países desarrollados ha experimentado a lo largo del último siglo un incremento exponencial. En Euskadi es de casi 84 años, una cifra que supera la media de la Unión Europea. Hay cada vez más personas que rozan o superan los 100 años.

«Vivimos más, pero debemos hacerlo mejor», subraya el también autor del libro ‘Joven a los 100. Todas las claves para vivir más y mejor’. Hacer frente a esta nueva longevidad implica que las enfermedades aparezcan más tarde o sean menos graves. Para ello es necesario abordar las patologías en la fase subclínica –cuando aún no se han manifestado los síntomas o signos–, que facilita prevenir su aparición o que el tratamiento sea menos agresivo, incluso puede ser que «nunca lleguemos a tener ese diagnóstico». La medicina preventiva busca entonces mantener la funcionalidad del organismo durante el mayor tiempo posible. También pretende posponer la aparición de enfermedades crónicas no transmisibles predominantes en la población envejecida.

Parte de la proactividad de la que habla el especialista depende también del estilo de vida. Aunque la genética –fuera de nuestro control– influye en alrededor de un 35% en la predisposición positiva o negativa para algunos tras-tornos durante el proceso de envejecimiento –«unas personas desarrollarán más, algunas todas, y otras menos o ninguna»–, los hábitos son determinantes para tener más años con salud. El ejercicio físico, la nutrición, evitar los tóxicos, reducir la ansiedad y depresión, el consumo de suplementos, una actitud optimista y el control frecuente de los biomarcadores –sustancias utilizadas para determinar la respuesta del cuerpo a las enfermedades– y dormir bien son los ocho aspectos que el doctor Durántez considera como los pilares para un envejecimiento saludable y activo.

El sueño es una necesidad

Después de beber y comer, la tercera necesidad biológica es dormir, explica el doctor Joaquín Durán, médico neumólogo y director de la Unidad de Sueño de la Clínica Eduardo Anitua de Vitoria-Gasteiz. «Un sueño alterado influye en el envejecimiento y éste, a la vez, lo hace también en la manera en la que descansamos», coincide Durántez. El sueño cambia con el paso del tiempo, pero no necesariamente es peor. «Somos más conscientes de los microdespertares (menos de un minuto) –diez o doce veces por hora– que tenemos todas las noches», aclara Durán.

Con el paso del tiempo, el porcentaje de las personas afectadas por los trastornos del sueño aumenta. La apnea –que es casi igual de habitual que el insomnio– es frecuente en alrededor de un 25% de la población de entre 30 y 70 años. Pero en edades avanzadas –por encima de los 70– el porcentaje se triplica, indica Durán.

Aprender a dormir

En Vitoria, la gente duerme una media de 7,2 horas, y hasta 7,9 u 8, los fines de semana, según los estudios de la Unidad de Sueño de la ciudad. Por lo tanto, así como se aprenden hábitos saludables como hacer deporte y alimentarse bien, también es posible saber cómo dormir mejor. «Parece que el tiempo del sueño es algo que podemos robar cada vez que es necesario», lamenta. Así como no se puede recuperar lo que no hemos comido, tampoco se puede hacer con las horas de descanso. «Intentamos, principalmente los fines de semana, pagar la deuda de sueño. Pero no es posible», aclara el doctor Joaquín Durán.

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